13 nov. 2013

Emotividad, la peor consejera del inversionista

En la magnífica película "Wall Street", Bud Fox (Charlie Sheen) le dice a Gordon Gekko (Michael Douglas): "Lo primero que me enseñaste Gordon, es que no sea emotivo a la hora de decidir; no lo seas tu ahora".

Pero no todo tiene que ver con comportamientos racionales a la hora de tomar decisiones de inversión en los mercados. Por el contrario, las emociones y subjetividades del operador juegan un rol central, para lo que se han diseñado algunas herramientas importantes para controlar.

Los estudios estadísticos han demostrado que las personas suelen cometer errores más grandes y frecuentes en contextos de estrés o ansiedad. Las Bolsas de Valores no son de ninguna manera la excepción, por lo que se suelen cometer equivocaciones muy costosas cuando los precios se mueven en su contra y el escenario se muestra incierto. Pero afortunadamente existe algunas herramientas como el diario de operaciones, los indicadores matemáticos o los ratios de análisis fundamental que pueden ser de gran utilidad para proteger al inversor de muchos de los errores más habituales y costosos que suelen cometerse.

Finanzas cognitivas
A lo largo de los últimos años, ha crecido la disciplina de las finanzas cognitivas, que investiga una amplia gama de factores psicológicos que muchas veces generan que los inversionistas tomen decisiones alejadas de la racionalidad. Los datos empíricos parecen avalar que, en efecto, no todos son tan lógicos ni racionales como les gustaría.

Herramientas para tomar decisiones
Es posible emprender un camino de mejora y aprendizaje que permita tomar distancia de las fallas más comunes relacionadas con lo emocional y psicológico. Llevar un diario de operaciones puede resultar útil en este sentido. Este registro permite revisar lo que se está haciendo y consultar un plan de acción en caso de escenarios adversos.

Cuando los precios juegan en contra, los inversionistas son especialmente propensos a cometer grandes equivocaciones. Algunos tienden a cerrar las posiciones demasiado rápido al no poder tolerar la volatilidad de corto plazo, mientras que otros suelen a mantenerlas durante demasiado tiempo, generando mayores pérdidas que las tolerables en base a un sistema de gestión de riesgos adecuado. Según el estilo de cada uno, su estrategia y los plazos, el camino correcto puede ser cerrarla, esperar o, incluso, incrementar la tenencia. Lo importante es que para seguir el plan de manera consistente, conviene planificar de antemano las decisiones, en especial en caso de que no funcione como es deseado.

Además, puede resultar muy útil cuantificar las variables a considerar a la hora de la toma de decisiones. Cuando se opera mediante análisis técnico, por ejemplo, suele haber un amplio margen de interpretación en lo que respecta a figuras, soportes o resistencias. Tal vez resulte más efectivo definir con exactitud cuáles son los niveles de precios que marcarían una ruptura de determinado patrón gráfico. De tal manera, pueden evitarse las subjetividades en momentos en los que están en movimiento y las emociones pueden jugar una mala pasada.

En el mismo sentido, puede ser muy útil aplicar indicadores matemáticos al análisis de gráficos o de patrones de precios. Indicadores como las medias móviles o los osciladores de precios no hacen otra cosa que procesar matemáticamente la información, pero pueden ser muy valiosos a la hora de aportar claridad y precisión sobre el proceso de toma de decisiones.

Lo mismo es válido en el marco del análisis fundamental. Variables como el crecimiento porcentual en las ventas y ganancias de la empresa o la rentabilidad sobre sus activos, entre muchas otras, pueden ayudar a medir y evaluar cuantitativamente los datos relacionados con la calidad de una firma y la gestión de su equipo administrativo. También pueden utilizarse las relaciones de valuación como precio/ganancias o precio/flujos de caja para seleccionar precios de entrada y salida en las acciones. Muchas veces es difícil definir cuándo es conveniente realizar una operación: cuando las cotizaciones están subiendo o bajando de manera pronunciada puede generarse la sensación de que la tendencia va a mantenerse para siempre.

Es muy común, entonces, acelerarse demasiado cuando los valores están al alza por temor a dejar pasar la oportunidad y, también demorar cuando la entrada cuando están a la baja ante una tendencia negativa. Al cuantificar con anticipación los precios que se están dispuesto a entrar o salir de una posición, puede resultar más sencillo actuar de forma consistente en contextos de volatilidad e incertidumbre.

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