17 ago. 2010

Historia del Daiquiri

La combinación de 2/3 de ron y 1/3 de limón era sin lugar a dudas un calmante para la sed de los mambises (libertadores cubanos) en sus campañas contra el ejército colonial español durante la segunda mitad del siglo XIX. Era también un excelente remedio para calmarse después de recibir heridas o para disponerse al combate.


Algunos preferían endulzar esta mezcla de ron y limón con miel. Es esta la razón por la que con frecuencia se veía colgar de la montura de la cabalgadura de los mambises , una botella llena de "Canchánchara", nombre que daban a esta bebida.

A principios del siglo XX, el ingeniero Pagliuchi, capitán del ejercito libertador, una vez concluida la guerra de independencia de Cuba, consiguió capital estadounidense para reactivar una viejas minas de cobre, situadas cerca de Santiago de Cuba, de las cuales Pagliuchi era el director.

Cuentan que mientras Pagliuchi cumplía este trabajo fue de visita a una mina llamada Daiquirí, en el Oriente del país, para entrevistarse con el ingeniero americano Jennings Cox e interesarse por su explotación.

Después de terminada la jornada de trabajo Pagliuchi sugirió tomar algo, y dicen que en la despensa del ingeniero Cox no había ni Gin, ni Vermouth. Solamente ron, limón, azúcar de caña, y hielo que inmediatamente pusieron en una coctelera y lo batieron y se dispusieron a beberlo. Pagliuchi pregunto: "¿Cómo se llama este coctel?" A lo que Cox respondió: "Rum Sour".

En los Estados Unidos hay una bebida que se llama whisky sour que se hace con whisky, azúcar, limón, hielo. Entonces Pagliuchi dijo: "Ese nombre es muy largo. ¿Por qué no llamarlo Daiquirí?"

Plagliuchi y Cox fueron para Santiago de Cuba al Bar del "Club Americano", donde estaban varias personas conocidas y pidieron un Daiquirí. Entonces Cox explicó cómo se hacía, recomendando batirlo hasta servirlo muy frío. Algunos de los amigos que estaban en el bar también pidieron un Daiquirí. A todos les gustó y muy pronto este coctel se hizo popular en Santiago de donde pasó a La Habana, capital de la isla. Se atribuye a Emilio González, el genial Maragato, cantinero de origen español, el haber traído a la capital cubana la fórmula del coctel, concretamente al Hotel Plaza.

Lo cierto es que quien lo inmortaliza es el cantinero Constantino Ribalaigua Vert, el gran Constante, en El Floridita, la cuna del Daiquirí. Es Constante quien luego de cuatro versiones llega a la definitiva, la perfecta número 4, nombrada Daiquirí Floridita. Es esta la que le da la vuelta al mundo, e identifica al Daiquirí internacionalmente.

Para lograrla se hizo traer de los Estados Unidos una máquina de moler hielo marca Flak Mak; preparó una caja de metal con agujeros en el fondo para conservar el hielo triturado en buen estado, agregó polvo de hielo y cinco gotas de Marrasquino a la fórmula inicial de Pagliuchi, lo batió en batidora eléctrica y lo sirvió frappe, en copa bien fría. Mantener un tiempo de batido exacto y una proporción inviolable de los ingredientes le dan al Daiquirí Floridita su densidad característica, su textura única y su sabor inigualable.

Es una tradición trasmitida celosamente de cantinero a cantinero durante más de medio siglo, desde los tiempos de Constante, unida a la práctica de hacer cientos y cientos de Daiquirí diariamente, sumando millones, lo que por sí solo constituye un record difícil de alcanzar.

El Daiquirí Floridita tiene un sabor único, diferente al de cualquier otro sitio, y quien lo visita no escapa de quedar marcado por el mágico aura de su encanto.

En 1939 el escritor norteamericano Ernest M. Hemingway se hospeda en el Hotel "Ambos Mundos", situado en el número 511 de la calle Obispo, en la parte más antigua de La Habana, a 200 pasos del que se convertiría en uno de los bares mas famosos del mundo, gracias, en parte, a su obsesiva presencia en este bar durante los siguientes veinte años, período durante el cual residiría en La Habana, hasta el final de su vida.

Es por esta época que Hemingway descubre el Floridita y su Daiquirí. Lo que pasaría después lo contó Antonio Meilán, único sobreviviente de los cantineros de Hemingway, sobrino además de la esposa de Constante, que como ya hemos explicado creó el Daiquirí Floridita.

Una mañana, cuenta Meilán, atravesó Hemingway la calle Obispo, una de las más transitadas de La Habana, donde se ubican "El Floridita" y el "Hotel Ambos Mundos".. y entró para dirigirse al baño. Cuando salió le llamó poderosamente la atención la bebida que se servía y que todos tomaban, rápidamente. Se sentó y degustó uno y dijo: "...está bien, pero lo prefiero sin azúcar y con doble ron". Entonces Constante preparó uno a su gusto y se lo sirvió diciéndole: "aquí tiene Papa", que era como lo llamaban sus amigos cubanos.

Así surgió el coctel que lleva su nombre: Papa Hemingway. Más tarde se le agregaría una onza de jugo de toronja.
 
Este es un coctel Jazzlosophy!

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