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1 jul 2015

El libro "El Sello que Coltrane Impulsó" de Ashley Kahn

Llegó a mis manos un libro fantástico escrito por el periodista musical Ashley Kahn: "El sello que Coltrane impulsó" El mismo repasa minuciosamente la historia en forma cronológica del sello Impulse con muchísimos y variados testimonios, además de la discografía con amplios detalles de los álbumes editado por la empresa.

Un libro para amantes de la música y especialmente del Jazz. Aquí les dejo la introducción del libro.

Naranja y negro. Fuego y ébano. Furia y orgullo.

Entre 1961 y 1976, Impulse Records exhibió orgullosamente sus colores corporativos y puso bien alto su signo de exclamación. Produjo discos cuyas fundas de colores brillantes se desplegaban de par en par, igual que un álbum, atrayendo a varias generaciones de oyentes a un excitante y variado universo de música improvisada. El sonido de sus microsurcos se crispaba con el espíritu de los sesenta y se movía al ritmo de los experimentos musicales y la excitación política de aquellos días. Para muchos de quienes vivieron la época, el sello formó parte inherente de esa velocidad, avanzó al ritmo de —y a veces predijo— los sonidos y la política que todavía estaban por llegar.

«Ése es el punto exacto en el que se encuentra», explicaba en 1966 Bob Thiele, el veterano productor discográfico que dirigió Impulse durante la mayor parte de aquel periodo. «La música de jazz siempre ha sido un reflejo de su tiempo. Hoy se producen transiciones sociales violentas, y esos cambios, que a veces provocan confusión, tienen su traducción musical».

Pero Impulse hizo bastante más que reflejar una época revolucionaria. Encajó perfectamente en la edad dorada del jazz, ese breve periodo que abarca desde finales de los cincuenta hasta los setenta, en el cual estaban vivos y activos más músicos de jazz que en ningún momento anterior (o posterior), y dejó constancia de todas las fases de la tradición. Desde Armstrong hasta Ayler, desde el swing a la New Thing (1). Impulse no los grabó a todos, pero desde luego lo intentó con más energía que cualquier otro sello, y consiguió unificar todos esos estilos y visiones en una sensibilidad moderna sin fisuras que aún mantiene intacto todo su vigor.

Una sensibilidad lo bastante moderna incluso como para seguir siendo un sello de referencia entre los principales mezcladores y productores de hiphop de hoy en día. La prueba se encuentra en los lomos de color naranja y negro que asoman en los anaqueles de los pinchadiscos, y en los fragmentos de Impulse que aparecen repentinamente en las músicas de baile más innovadoras.

Preguntemos hoy por Impulse a cualquiera que entienda de música, no solo a los eruditos del jazz. La respuesta típica incluye la música, la transición de los años sesenta a los setenta y, con la misma frecuencia, el formato de funda que se abre y alguna referencia al color naranja.

«Cuando iba al colegio, podía decir lo que alguien sabía sobre esta música por la cantidad de color naranja que se veía en sus estanterías», afirma Daniel Richard, un ejecutivo de la industria discográfica entre cuyos cometidos está la reedición de discos Impulse en Francia. «Esos discos estaban envueltos en un cierto misterio», dice el periodista especializado en jazz y crítico Gary Giddins. «Cuando yo estaba en el instituto, la pregunta sobre Impulse era:

¿Los colocas por orden alfabético, con todos los demás discos, o los pones juntos para lucir la franja de color naranja en la pared?»

«La presentación era extraordinaria», apunta Don Heckman, otro veterano crítico de jazz. «Creo recordar que al principio nos molestaba que se abrieran porque ocupaban más sitio en las estanterías, pero luego agradecíamos que dispusieran de más espacio para los textos, fotografías y esas cosas».

Fue la presentación lo que causó un impacto mucho más allá del ámbito jazzístico, sirvió para atraer a toda una nueva generación al jazz y quedó grabada en la conciencia del público. Los ritmos y libertades que resonaban cuando los elepés de Impulse giraban en los tocadiscos de los años sesenta y setenta, resuenan hoy con idéntica fuerza. En su día, el logotipo de Impulse prometía música de avanzadilla por medio de un diseño inolvidable y funcional.

«Esas carpetas que se abrían fueron un avance maravilloso, porque proporcionaban un lujoso canalillo para liar marihuana», recuerda el polemista político y comentarista radiofónico de jazz de los sesenta, John Sinclair. «Los mejores Impulse eran los que tenían más cañamones adheridos en el centro.»

A mediados de los años sesenta la mayoría de los sellos de jazz podían identificarse por una personalidad y estilo muy bien definidos. Columbia, el más exquisito, era realmente un sello de música popular en general que ostentaba una gama alta de jazz postbebop: Miles Davis, Thelonious Monk y Dave Brubeck. Atlantic combinaba modernistas como el Modern Jazz Quartet y Rashaan Roland Kirk con los sonidos teñidos de soul y blues de Dave «Fathead» Newman y Hank Crawford. Verve, especializado en vocalistas y producciones bien realizadas, encontró sus filones comerciales primero en la moda de la bossa nova, con Stan Getz y otros, y luego en los discos afines al pop de tipos como Wes Montgomery. Prestige y Blue Note habían puesto su confianza sobre todo en la mezcla de estrellas del hard bop y el soul jazz como Gene Ammons, Jimmy Smith y Lee Morgan. Finalmente, había también una nueva cosecha de experimentalistas: Eric Dolphy y Sam Rivers en Blue Note o Albert Ayler y Pharoah Sanders en el modesto sello ESP. A partir de los primeros sesenta, estos artistas comandaron el escuadrón de avant-gardistas (por emplear una palabra acuñada por Archie Shepp) que se dedicaron a producir una música más agresiva a partir de las innovaciones establecidas en los cincuenta por Ornette Coleman, Cecil Taylor, Charles Mingus y John Coltrane.

Impulse se distinguió dentro de este colectivo por una serie de significativas circunstancias.

Impulse nació completamente maduro, como Atenea, a partir de la ABC-Paramount Record Corporation, a diferencia de admirados sellos independientes de jazz como Blue Note y Riverside, que tuvieron que pelear para encontrar su lugar. Impulse vio la luz con un éxito en las listas de los diez discos más vendidos, «One Mint Julep», cortesía de Ray Charles, y nunca experimentó agobios financieros hasta bien entrados los setenta. Esas fundas que se desplegaban, con sus brillantes fotografías, no resultaban baratas, como tampoco los creativos proyectos de grabación, de alto presupuesto, por los que se conocía el sello. Para Impulse —que pensaba como un sello independiente pero que gastaba como uno de los grandes— el apoyo de un padre corporativo fue un rasgo consustancial y distintivo.

Mientras que la mayoría de los sellos innovadores mantuvieron su desafío y modernidad durante unos cuatro o cinco años, Impulse se ocupó de la música más incisiva durante un impresionante periodo de quince años, absorbiendo progresivamente nuevos sonidos e innovaciones y demostrando de ese modo que era una incansable rara avis en una industria donde la regla consiste en encontrar fórmulas establecidas y todo sucede muy rápidamente. Buena parte de los lanzamientos tardíos de Impulse son todavía alabados fanáticamente por aficionados y músicos, y continúan siendo tan controvertidos como lo fueron cuando aparecieron por vez primera.

Impulse se distinguió inicialmente de otros sellos de la época por ocuparse de un amplio y abigarrado paisaje musical, desde el swing hasta el experimentalismo extremo del jazz de los sesenta. Finalmente el sello concentró su interés casi exclusivamente en la vanguardia, y se caracterizó en adelante por el éxito que obtuvo en la comercialización de esta música.

La percepción inicial que se tuvo del sello —y la forma en que evolucionó esa percepción— es una de las líneas definitorias de la historia de Impulse. Al principio fue una iniciativa brillante, de impecable presentación y producción, saludada mayoritariamente desde la industria. A mediados de los sesenta, los críticos alababan su gusto plural y sus triunfos comerciales, su habilidad, como alguien escribió, para «acompasar provechosamente» una amplia variedad de talentos jazzísticos. En los setenta, sin embargo, «parecía que Impulse se hubiera convertido en el sello de los tenores airados de raza negra», dice el productor Ed Michel, que dirigió el sello en la era del rock. «Pero ni eran airados, ni todos eran negros y no todos tocaban el saxo tenor, aunque así lo pareciera.»

La devoción del sello hacia músicos en su mayoría afroamericanos y vanguardistas, responsables colectivos del último avance significativo en el jazz moderno —el punto en el que la mayoría de historias del jazz y cronologías suelen concluir, se nos aparece hoy como uno de sus logros más importantes.

«Impulse permanecerá inscrito para siempre en la historia por haberse jugado el cuello», dice el vibrafonista Gary Burton, que vio a los estudiantes utilizar discos Impulse como si fueran libros de texto cuando ocupó la plaza de vicepresidente ejecutivo de la Berklee School of Music. «Será recordado por haberse comprometido con artistas como los Coltrane [John y Alice], Pharoah Sanders y Archie Shepp, y haberles proporcionado un lanzamiento que les permitió dar a conocer su música al público de todo el país, lo que no es poca cosa.»

El compromiso del sello con música de un atractivo comercial aparentemente mínimo puede atribuirse a la influencia de un solo músico, un músico de jazz que condujo a una empresa comercial de la envergadura de Impulse Records hacia el descubrimiento de su objetivo y su identidad musical. Este es el aspecto más llamativo de la historia de Impulse. Es también la principal razón de este libro.

El nombre del músico que se convirtió en el artista más comercial de Impulse y sigue siendo actualmente su más firme motivo de reconocimiento es John Coltrane. En 1967, el año en que el elogiado saxofonista murió a la edad de cuarenta años, en el punto más alto del arco que trazan los quince años de Impulse, el sello ya había sido bautizado como «La casa que Trane construyó» por un círculo de músicos y amantes de la música. Para entonces, Coltrane había trascendido con mucho la mera popularidad jazzística. Su timbre inequívocamente oscuro e inquieto y su exaltado fraseo estaban alcanzando una cantidad de oyentes mayor que la de cualquier otro músico de jazz, a excepción de su antiguo jefe Miles Davis. Sus discos Impulse vendían decenas de miles de copias —más de cien mil en el caso de A Love Supreme— y atraía a una generación más joven que también se identificaba con el sonido del rock, folk, blues eléctrico y otros estilos rompedores del momento.

¿Acaso un sello discográfico podía encontrar un abanderado más oportuno? El vertiginoso progreso de Coltrane disco tras disco igualó la extrema velocidad que caracterizaba esta época. Pese a sus detractores, los gritos y chillidos que obtenía de su saxofón parecían surgir al unísono con la justa rabia e indignación que se respiraba en los años sesenta. En opinión de muchos, Coltrane proporcionó a Impulse una legitimidad política y un aura espiritual que ningún departamento de mercadotecnia podría haber preparado. El desarrollo de los acontecimientos era inmejorable.

«Impulse estaba en el lugar correcto y en el momento oportuno», dice Ed Michel. «Fuimos beneficiarios de un profundo aliento cultural. La cultura estaba muy abierta a la música de Coltrane y sus seguidores.»

La mayoría de los artistas que llegaron a Impulse tras Coltrane acusaban la influencia de su visión pionera en alguna de sus actitudes o planteamientos. Podemos encontrarla en el sonido que Charles Lloyd aportó al grupo de Chico Hamilton, o en la crispación de Sonny Rollins en East Broadway Run Down (grabado junto con dos de los acompañantes de Coltrane: el contrabajista Jimmy Garrison y el batería Elvin Jones). Otra medida sería el número absoluto de grabaciones Impulse que aludían al saxofonista, desde mediados de los sesenta («Brother John» de Yusef Lateef, «Dear John C.» de Elvin Jones, «For Coltrane» de Albert Ayler) hasta finales de los sesenta y los setenta («Something About John Coltrane» de Alice Coltrane, «With Respect to Coltrane» de Tom Scott, «John Coltrane Was Here» de Michael White o «Memories of J. W. Coltrane» de Pharoah Sanders). Como su predecesor, todos estos músicos tenían conocimiento de la vanguardia (cuando no eran directamente vanguardistas), todos tenían un espíritu fogoso (cuando no eran abiertamente espirituales), y todos contribuyeron a la credibilidad artística de Impulse.

Fue tan poderosa la energía creativa de Coltrane que mantuvo a Impulse en un sendero experimental durante casi una década tras su muerte. Para ocupar su lugar se contrató (o se repescó) a muchos músicos: Archie Shepp, Albert Ayler, Pharoah Sanders, Marion Brown, Dewey Redman, Gato Barbieri, John Klemmer, Sam Rivers. El sello reclutó a un grupo de saxofonistas con carga espiritual y estilo caudaloso, decidido a conservar vivos su sonido y su rentabilidad.

Si excluimos el mundo de los sellos propiedad de músicos, hay pocos parangones en la tradición del jazz para la simbiosis entre Coltrane e Impulse. Ni Armstrong, Ellington o Basie, cuyas carreras se prolongaron durante décadas y discurrieron por múltiples sellos. Ni Monk, Gillespie o Parker, cuya rapidez de evolución estilística nunca igualó la de Coltrane ni produjo una cantidad de obra igual a la suya. Ni siquiera el propio Coltrane cuando, entre 1955 y 1960, grabó para Prestige, Blue Note y Atlantic antes de unirse a Impulse.

Bueno, hubo dos que se acercaron: podemos sostener que unos cuantos grupos de jazz amplificado de los setenta en el sello Columbia Records —los Head Hunters de Herbie Hancock, Weather Report, Mahavishnu Orchestra y Return to Forever— fueron el resultado directo del salto de Miles al jazz eléctrico en 1968. Sin embargo esto sucedió tras casi dos décadas de contrato del trompetista con Columbia, y la fascinación de la compañía discográfica por la fusión no duró mucho tiempo. Del mismo modo, Cannonball Adderley fue oficialmente director artístico de Riverside, y sugirió nuevos contratos, aunque su sonido no definió el sonido del sello y no alcanzó ni de lejos la capacidad de penetración del sonido de Coltrane en Impulse.

Una medida más objetiva del peso de Coltrane en Impulse —el análisis de sus índices de venta comparados con los de sus colegas de sello, o, por ejemplo, con los de Miles Davis en Columbia— requiere datos que por desgracia no están disponibles. Durante los años dorados de Impulse, los rastreadores de la industria como Cash Box o Billboard no recogían información específica sobre jazz, y hace tiempo que se han perdido los informes de ventas realizados por el propio sello. Pese a ello, por medio de informes comerciales y anécdotas, o del análisis musical y del contexto histórico, es posible dibujar un panorama vívido y fiel de lo que lograron impulse y Coltrane, y de cómo uno se convirtió en guía y el otro lo siguió.

En opinión de los demás artistas de Impulse, Coltrane y el sello estaban unidos por un vínculo sólido. «Si Impulse tuvo alguna personalidad, en mi opinión fue Coltrane quien la creó», dice Archie Shepp. «John fue la referencia desde el principio hasta el fin en Impulse», dice Alice Coltrane de su difunto esposo. «Hubiera seguido grabando durante muchos años. Cuando desapareció, su proyecto no había concluido. Nunca concluyó.»

Cuando se trata de la industria de la música grabada, ninguna empresa es indiferente a la seducción o a la necesidad del lucro. Los sellos discográficos que nacieron con la inspiración más pura aprendieron enseguida lo que eran los beneficios y las pérdidas y a tener contentos a sus acreedores; en caso contrario desaparecieron con la misma rapidez. Pero a la inversa, ni siquiera la compañía discográfica más poderosa y comercial ha podido dejar huella sin lanzar música de alguna calidad o valor.

Desde el momento mismo en que el primer músico estampó su firma sobre la línea de puntos, el negocio de la música ha sido visto con desconfianza. En general, es una reputación merecida. Hay demasiadas historias de explotación intencionada que ensucian la historia de la industria y todavía se producen demasiados casos de robo de derechos. La historia de Impulse incluye numerosos episodios dignos de admiración y merecedores de crítica.

Para empezar, la industria discográfica en su totalidad es ambivalente, porque por un lado se trata de obtener provecho, pero por otro lado tiene relación con el arte, que no es un beneficio tangible y no se produce con el objeto de obtener provecho. No sé cómo pueden conciliarse ambos extremos sin una especie de revolución.

Estas palabras no las pronunció un músico sino alguien que pertenecía a la industria del disco: Bob Thiele. Las dijo en los vertiginosos días de 1971, con un vocabulario más propio del zeitgeist de finales de los sesenta que de alguien de su edad. En aquel entonces era un veterano de la industria con cuarenta y nueve años cumplidos, un productor artístico con una infrecuente apertura de miras que se enamoró del jazz en el momento culminante de la era del swing. Thiele comenzó a trabajar como productor y se convirtió en un experto creador de éxitos, ocupándose de la carrera de habituales de las listas de éxitos como Pearl Bailey y las McGuire Sisters a principios de los cincuenta, y luego, ya hacia final de la década, de pioneros más próximos al rock como Buddy Holly y Jackie Wilson. Pero nunca olvidó su primer amor. Le gustaban los músicos y su mundo, y la simpatía era recíproca. Con relación a la historia que nos ocupa, fue la cabeza visible de Impulse durante la mayor parte de los días de gloria de Coltrane en el sello.

La relación laboral entre Coltrane y Thiele es el primer hilo conductor de la saga Impulse, que narra el cuento inverosímil de un músico que tomó las riendas y un productor que se fió de su instinto y le siguió los pasos. Al conceder privilegios poco habituales a la estrella del saxofón —Coltrane tuvo libertad para decidir cuándo grababa y Thiele contrataba artistas recomendados por él— el productor estableció la personalidad musical y puso la base financiera que permitió florecer al sello impulse.

Thiele formó parte de una serie de productores decididos que comandaron el sello entre 1960 y 1977, responsables de más de trescientos discos de influencia duradera. Sus nombres figuran de manera ostensible en los créditos incluidos en las fundas de los elepés y los discos compactos. En el orden cronológico de sus años en Impulse, se trata de Creed Taylor, Bob Thiele, Ed Michel, Steve Baker y Esmond Edwards.

Mientras fueron sus responsables, cada uno de ellos orientó el sello en direcciones únicas por lo que se refiere a los artistas bajo contrato, las estrategias de venta, la dirección musical y lo que decidieron hacer con la música producida por sus predecesores. Y lo que es más significativo, cada uno de ellos escribió su propio capítulo de la historia de Impulse por la forma en que se orientó respecto al legado de Coltrane y encontró en él valores vigentes. De un modo que prefigura el estilo de mesa redonda de este libro, los diferentes directores de Impulse proporcionaron su visión sobre la leyenda y el sello, empezando por Creed Taylor, el productor residente de ABC que creó Impulse y contrató a Coltrane en 1960, apenas unos meses antes de marcharse del sello.

Coltrane era la joya del pequeño catálogo de Impulse durante los sesenta. En términos de aceptación popular, el tiempo tiene la última palabra. Sólo puedo decir que yo necesité varios años para llegar a apreciarlo realmente. No es que no me impresionara lo que hacía en aquella época, pero cuando veo la gigantesca imagen de Coltrane que ha levantado la historia… ¿qué otro artista hay que se le pueda comparar?

Thiele ya trabajaba para ABC en 1961, grabando a cantantes pop como Frankie Laine y Della Reese, cuando Creed Taylor se despidió. Thiele llevó las riendas de Impulse durante los siguientes ocho años, hasta mediados de 1969. Michel se unió a ABC después del traslado del sello a Los Ángeles, y se ocupó del departamento de producción de Impulse durante los siguientes seis años. Baker, que fue contratado en 1971 por sus habilidades como promotor, demostró su valía y se encargó de Impulse durante los siguientes dos años. Edwards dirigió el sello entre 1975 y 1977, una etapa de transición que marcó el final de una era.

En la investigación previa para este libro me entrevisté con todos los supervivientes de este linaje de Impulse —salvo Thiele, que falleció en 1996—, así como con más de un centenar de músicos, técnicos de sonido y profesionales de la industria. Quien mejor resumió la historia fue Ed Michel, cuando afirmó, con el inevitable juego de palabras, que «Impulse fue un sello discográfico que creció a partir de un impulso más estético que comercial. Nació en un ambiente empresarial y sobrevivió a él. Es cierto que atravesó distintas fases. Pero todo el mundo pensaba en Impulse como el sello de John Coltrane… quiero decir que Impulse fue la casa que construyó Trane, por lo que a mí respecta, igual que Atlantic fue la casa que construyó Ray Charles.»

Hay dos cosas que este libro no es. No es una mera discografía, aunque he incluido una al final y he utilizado mucha información discográfica para contar la historia de Impulse, incluyendo los números de catálogo entre paréntesis y la «S» que identificaba las grabaciones estereofónicas cuando esta circunstancia todavía era opcional. Tampoco es una guía para compradores, aunque no puedo negar mi entusiasmo personal.

Recordamos también a Impulse por su interés en el diseño, por lo cual he incluido en las siguientes páginas muchas de sus cubiertas de mayor atractivo visual. Asimismo, a lo largo del libro aparecen descripciones de treinta y seis discos, elegidos tanto por su reputación como por las historias reveladoras o inusuales que hay tras ellos: un triunfo en el estudio de grabación, el giro drástico de una carrera, un tropiezo comercial. ¡Pido excusas si he omitido títulos que merecerían haber sido incluidos!

Los cincuenta años que abarca La casa que Trane construyó se inician con la narración de las circunstancias que condujeron a la creación de Impulse y llegan hasta el momento presente. Al elaborar el discurso —la historia del sello— he preferido hacerlo por secciones en lugar de construir una visión estrictamente cronológica, lo que me ha permitido prestar atención detallada a importantes músicos y ejecutivos, así como a algunos argumentos secundarios, como el crecimiento de Impulse dentro de la jerarquía de ABC, la inclinación de Bob Thiele hacia las producciones que seguían los pasos de la moda, el traslado a la costa oeste en 1969, el impacto en Impulse de la explosión del rock a finales de los sesenta y el impacto del sello en una nueva generación de oyentes, o la persistente popularidad de John Coltrane y la persistente reputación del sello.

En su época, Impulse se prestó de buen grado a la reelaboración de viejas fórmulas, dio prioridad a nuevos sonidos y tecnologías y trató a todos sus músicos como innovadores, incluso revolucionarios. Quizá esta sea la verdadera tarjeta de presentación del sello, la razón profunda del invariable respeto que suscita: Impulse infundió una idéntica modernidad imperecedera tanto al jazz más tradicional como al más innovador y arriesgado.

Notas:
1. New Thing: Literalmente esta expresión significa lo nuevo, y se aplicó en los años sesenta a la música de John Coltrane, Ornette Coleman, Cecil Taylor, Eric Dolphy y otros artistas similares, cuya obra estaba comprometida con las reivindicaciones sociales de la época. La expresión subraya la distancia respecto a la idea convencional de jazz. (N. del T.).

1 may 2015

Los Escritores Que Más Dinero Ganan

Según la revista Forbes estos son los escritores que mas dinero ganan por año.

James Patterson: Este autor de ficción escribe cerca de 14 títulos por año. Según la revista Forbes, sus ingresos anuales son de cerca de 90 millones de dólares. Ha vendido cerca de 300 millones de copias desde su debut en 1976.

Dan Brown: El autor de Código Da Vinci, Ángeles y Demonios y el Símbolo Perdido, entre otros, tiene, según Forbes, ingresos anuales por 28 millones de dólares. Varios de sus títulos ha sido llevados al cine.

Nora Roberts: Autora estadounidense de novelas de género romántico. Sus títulos le han permitido vender millones de copias y sus ingresos anuales alcanzan los 23 millones de dólares.

Danielle Steel: Esta autora tiene más de 128 títulos del género romántico y ha vendido cerca de 600 millones de copias en sus 40 años de carrera. Sus ingresos anuales, según Forbes, pasan de los 22 millones de dólares.

Janet Evanovich: Autora de la serie de Stephanie Plum. Forbes calcula sus ingresos anuales en 20 millones de dólares.

Jeff Kinney: De acuerdo a Forbes el autor de libros como el “diario de Greg” tiene ingresos anuales de 17 millones de dólares.

Veronica Roth: Gracias al éxito de su novela Divergente, esta autotra se coloca entre los autores con mayores ingresos anuales, calculados por Forbes en 17 millones de dólares.

John Grisham: Reconocido autor de novelas policíacas ha vendido más de 250 millones de ejemplares y sus ingresos están estimados en 17 millones de dólares.

Stephen King: El autor de clásicos como “El resplandor” e “Insomnia” tiene ingresos anuales de cerca de 17 millones de dólares.

Suzanne Collins: La serie de los “juegos del hambre” le generan a esta autora ingresos anuales de 16 millones de dólares.

J.K. Rowling: La creadora de Harry Potter tiene ingresos de 14 millones de dólares. Sus libros han sido exitosos en todos los formatos incluyendo series de televisión y cine.

George R.R. Martin: Conocido por “Juegos de Trono” tanto por su edición impresa como la serie de HBO, el autor británico tiene ingresos anuales estimados por Forbes en 12 millones de dólares.

25 abr 2015

¿Qué está leyendo el mundo?

Lectores del mundo entero leen a los mismos autores, antes o después de haber visto la misma película, haber escuchado la misma canción y, quizás, haber comido la misma pizza y tenido los mismos sueños. Las listas de libros más vendidos en diez países están dominadas por los superventas globales, aunque, eso sí, salpicados con incrustaciones de autores locales a veces de potente personalidad diferenciada.

Más que best sellers, algunos de los títulos más vendidos podrían llamarse fast-sellers, porque después de una venta rápida y masiva, tienen muchos números para desaparecer engullidos por el tiempo caprichoso de la moda. En cambio, otros van prolongando su éxito a medida que transcurren los años. Tras las sectas mistéricas de Dan Brown, el thriller nórdico de Stieg Larsson o el vampirismo casto de Crepúsculo, llegó el erotismo húmedo de las sombras de Grey, alentado por el estreno de la versión cinematográfica.

El cine dio un empujón al actual número uno mundial en ventas, John Green, y sus historias emotivas de dolor, humor y superación, Bajo la misma estrella y otros títulos. El éxito de Green confirma la tendencia expansiva de los libros infantiles y juveniles. Puede afirmarse que es el fervor lector-comprador de los menores lo que aguanta unas ventas que se han ido desplomando (que el libro más vendido en España supere de poco los 200.000 ejemplares así lo indica, pues hace unos años, antes de la crisis, esa plaza significaba que se había superado el medio millón).

Los niños buscan con afán coleccionista todos los títulos de los diarios de Greg o las series del ratón Geronimo Stilton –abande­rado de la industria editorial italiana–, mientras los adolescentes se lanzan a por los romances de Blue Jeans, los melodramas de Green, los juegos del hambre de Collins o los de tronos de Martin. El auge de lo juvenil desmiente el cliché de que los jóvenes han dejado de leer. En Alemania, España y Francia triunfa una chica de 25 años, Anna Todd, una fan del grupo One Direction que empezó a escribir una historia de amor infinito basada en el líder de la banda, Harry Styles, en la plataforma Wattpad. Otra autora para jóvenes, la divergente Veronica Roth acaba de entrar en el club de novelistas mejor pagados del pla­neta, según la revista Forbes, después de James Patterson, Dan Brown, John Green, Stephen King y J.K. Rowling.

Los veteranos del best seller resisten. Entre ellos, Ken Follett, un artesano vendedor de historias con miles de seguidores desde Los pilares de la tierra. Como resiste, con una salud envidiable, Antoine de Saint-Exúpery, con El Principito, que ya lleva vendidos en todo el mundo cien millones de ejemplares.

Cada país tiene sus características diferenciadoras. En Italia, el país europeo donde más peso tienen las traducciones de otros idiomas, sobre todo del inglés, se ha encaramado al número uno de ventas un libro que explica sencillamente lecciones de física, Setti brevi lezioni di fisica, de Carlo Rovelli, científico cuántico de pasado revolucionario estudiantil y avalado por la editorial Adelphi. El caso es una excepción que recuerda el éxito del noruego Jostein Gaarder con sus lecciones de filosofía de El mundo de Sofía.

En general, la narrativa literaria está a la baja. Entre los cincuenta libros más vendidos en España en el último año, sólo Almudena Grandes, Javier Marías o Javier Cercas pueden competir con Julia Navarro, Dolores Redondo, Arturo Pérez Reverte o María Dueñas.

Capítulo aparte merece en España el revival nostálgico por la EGB y todo lo que la rodeaba, un fenómeno que ha dado ya dos libros, y que puede compararse, por ejemplo, con las ventas estratosféricas de los manuales del videojuego Minecraft en el Reino Unido, también bien situadas en España, o con el auge que tiene la novela romántica en Alemania.#1;

Los franceses, en cambio, sin eludir las grandes corrientes internacionales, se sumergen con pasión en los líos de alcoba de su presidente y ofrecen una alter­nativa al best seller con nombres como Musso, Lévy (que triunfa hasta en China) o Pancol, y la irrupción en este 2015 de su gran Houellebecq, capaz de seducir sin despeinarse –o, mejor, manteniéndose despeinado– a la ­crítica y al público masivo, en su país, en Alemania o donde se ­tercie.

Anoten, asimismo, el nombre del nuevo fenómeno en el Reino Unido y Estados Unidos, La chica en el tren de Paula Hawkins, desasosegante thriller que explora los vacíos de la memoria.

En Argentina, la estimulante industria del cine local insufla nueva vida a algunos libros. Y en México, país donde vivió y murió García Márquez, los lectores le han realizado un homenaje imprevisto, aupándolo al número uno en las listas de ventas.

Y, para acabar, referirnos a esa hornada de autoras españolas que aparecen en las listas de otros países, como María Dueñas o ­Milena Busquets en Argentina –habrá que ver cómo cuaja este año la catalana en su lanzamiento en EE.UU.–, o Julia Navarro en México, donde es novena en la lista restringida a los títulos de ficción.

5 mar 2015

Las figuraciones de Fernando Savater

Fugaz y cotidiano, dice Fernando Savater, el oficio de escribir requiere humildad y responsabilidad; uno puede dirigirse a unos pocos o a la mayoría, pero escribir impone pensar en otros, en los demás. Quien escribe, sabe que sus textos podrán cumplir una función didáctica o lúdica pero siempre social; trate de lo que trate, un artículo “siempre cumple una función política, es decir, se debe a la polis y a las obligaciones de nuestra comunidad”.

Aunque no es su objetivo reflexionar sobre el periodismo, en Figuraciones mías (Sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar) hay una reunión de ideas sobre el compromiso con la verdad y la honradez al ejercer la escritura desde las páginas de la prensa tradicional o los espacios virtuales, donde, por cierto, Savater encuentra uno de los defectos que el texto periodístico no debería permitirse: la irresponsabilidad del anonimato: “El famoso rostro blanco de V fue, en la historia original de Alan Moore, un subterfugio para combatir la tiranía, pero hoy funciona como un truco para la impunidad en la ofensa o el delito, es decir, como un santuario de la cobardía”.

Cada texto remite a algún autor o a un libro digno de ser leído. Mientras habla de George Orwell o de Charles Dickens señala las virtudes de quienes intentan hablar de lo político, de las injusticias sociales. El trabajo, dice el filósofo español, comienza por respetar el principio que prohíbe mentir, aún antes del que prohíbe matar, e impone tareas difíciles: no escribir para nuestra clientela y contra los adversarios, sino contra las certidumbres indebidas en nuestro propio entorno.

Lo siguiente es enfrentar a la opinión pública, que no siempre tiene razón pero cuenta con la ventaja de la mayoría. “Hagan la prueba hoy: condenen la corrupción de los políticos o de los banqueros y la masa asentirá satisfecha; condenen la corrupción de los internautas sin escrúpulos y se ganarán un abucheo. Pero arriesgarse a caer antipático es lo que distingue al que habla de moral del mero apóstol de la moralina”.

Esa —explica Savater— es la diferencia entre el orgullo, que se exige a pesar del criterio de la mayoría, y la vanidad, que solo come de la mano ajena; es decir, los admiradores a los que a sabiendas se cuida uno de molestar para ganarse su ovación, porque carecen de honradez para preferir que se les trate como adultos.

A veces, pues, debe aceptarse el papel de razonable obstáculo, de relativo frustrador de expectativas tumultuosas. Convertirse en portador de malas noticias. El escritor, el educador, el periodista, “no tiene otra forma de ser honrado y cumplir su misión, porque cuanto crece —para hacerlo rectamente— debe apoyarse en lo que le ofrece resistencia”.

Ya en 1996, Gabriel García Márquez advertía que los mayores atentados éticos de los periodistas de esta nueva época obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo, y respaldada por fuentes sin nombre que todo lo saben y que nadie ve, pero amparan toda clase de agravios impunes.

En Figuraciones Savater reflexiona sobre su propio ejercicio periodístico al que define como una labor que permite mucha libertad, pero por otro exige gran disciplina y responsabilidad. Y la responsabilidad —como él mismo ya lo había escrito— no es otra cosa que la conciencia en lo real de nuestra libertad, nuestras elecciones dejan huella. Una vez empleada esa libertad en hacernos un rostro, ya no podemos quejarnos o asustarnos de lo que vemos en el espejo cuando nos miramos.

5 ene 2015

¿Por qué preferimos el papel?

El cerebro humano puede percibir un texto en su totalidad como una especie de paisaje físico. Cuando leemos, construimos una representación mental del texto. Al pasar las páginas de un libro de papel, se realiza una actividad similar a dejar una huella tras otra por un sendero, hay un ritmo y un registro visible del transcurrir de las hojas impresas.

La reconocida revista Scientific American publicó un artículo que pretende explicar esta paradoja: en la época de la hiperconectividad, cuando cada vez tenemos más equipos que nos permiten leer y contamos con acceso a bibliotecas enteras en formato electrónico, muchos siguen prefiriendo el papel. 
El libro tradicional, la revista, el diario, siguen siendo favoritos. Y aunque resulte difícil de creer, como docente universitario escucho frecuentemente la pregunta de muchos alumnos jóvenes: “¿En qué libro lo puedo leer, profe?”.

Nosotros no hemos nacido con circuitos cerebrales dedicados a la lectura, porque la escritura se inventó hace relativamente poco tiempo en nuestra evolución: alrededor de cuatro milenios antes de Cristo. En la niñez, el cerebro improvisa nuevos circuitos para leer y para ello usa parte de otros dedicados al habla, a cuya habilidad se suma la coordinación motora y la visión.

El cerebro comienza a reconocer las letras en base a líneas curvas y espacios y utiliza procesos táctiles que requieren los ojos y las manos. Los circuitos de lectura de los niños de 5 años muestran actividad cuando practican la escritura a mano, pero no cuando se escriben las letras en un teclado.

Más allá de tratar a las letras individuales como objetos físicos, el cerebro humano puede percibir un texto en su totalidad como una especie de paisaje físico. Cuando leemos, construimos una representación mental del texto. La naturaleza exacta de tales representaciones permanece clara, pero algunos investigadores creen que son similares a un mapa mental que creamos de un terreno, como montañas y ciudades, y de espacios físicos de interior, tales como departamentos 
y oficinas.
En paralelo, en la mayoría de los casos, los libros de papel tienen una topografía más evidente que el texto en pantalla. Un libro de papel abierto presenta dos dominios claramente definidos: páginas de izquierda y derecha y un total de ocho esquinas en las que uno se orienta. Al pasar las páginas de un libro de papel se realiza una actividad similar a dejar una huella tras otra por un sendero, hay un ritmo y un registro visible del transcurrir de las hojas. Todas estas características permiten formar un mapa mental, coherente, del texto.

En contraste, la mayoría de los dispositivos digitales interfieren con la navegación intuitiva de un texto y a pesar de que los e-readers (libros electrónicos) y tabletas replican el modelo de páginas, estas son efímeras. Una vez leídas, esas páginas se desvanecen.

“La sensación implícita de dónde usted está en un libro físico se vuelve más importante de lo que creíamos”, dice el artículo de la Scientifican American . También pone en cuestión que los fabricantes de libros electrónicos hayan pensado lo suficiente sobre cómo es posible visualizar dónde está el lector en un libro.

En un trabajo sobre comprensión de texto, al comparar alumnos que leyeron en papel con otros que leyeron un texto en versión PDF en la pantalla, se concluyó que los primeros tuvieron mejor rendimiento.

Otros investigadores están de acuerdo con que la lectura basada en pantallas puede empeorar la comprensión, ya que es mentalmente más exigente e incluso físicamente más cansadora que la lectura en papel. La tinta electrónica refleja la luz ambiental al igual que la tinta de un libro de papel, pero las pantallas de ordenadores, teléfonos inteligentes y tabletas hacen brillar la luz directamente en los rostros de las personas y la lectura puede causar fatiga visual, dolores de cabeza y visión borrosa. En un experimento realizado por Erik Wästlund, de la Universidad de Karlstad en Suecia, las personas que tomaron una prueba de lectura comprensiva en un equipo electrónico obtuvieron calificaciones más bajas e informaron mayores niveles de estrés y cansancio que las personas que completaron en papel.

Las investigaciones más recientes sugieren que la sustitución del papel por pantallas a una edad temprana tiene desventajas. En 2012, un estudio en el Joan Ganz Cooney Center en la ciudad de Nueva York reclutó 32 parejas de padres e hijos de 3 a 6 años de edad. Los niños recordaron más detalles de las historias que leyeron en el papel pese a que las digitales estaban complementadas con animaciones interactivas, videos y juegos, que en realidad desviaban la atención lejos de la narrativa.
Como resultado de un trabajo que involucró el seguimiento de una encuesta de 1.226 padres se informó que, al leer juntos, la mayoría de ellos y sus niños prefirieron libros impresos sobre los libros electrónicos. Al leer los libros de papel a sus niños de 3 a 5 años de edad, los niños podían relatar la historia de nuevo a sus padres, pero al leer un libro electrónico con efectos de sonido, los padres con frecuencia tuvieron que interrumpir su lectura para pedir al niño que dejara de jugar con los botones y recuperara la concentración en la narración. Tales distracciones finalmente impidieron comprender incluso la esencia de las historias.

Muchas personas aseguran que cuando realmente quieren centrarse en un texto, lo leen en papel. Por ejemplo, en una encuesta realizada en 2011 entre estudiantes de posgrado en la Universidad Nacional de Taiwan, la mayoría aseguró que navegaba algunos párrafos de un artículo en línea antes de imprimir todo el texto para una lectura más a fondo. Y en una encuesta realizada en 2003 en la Universidad Nacional Autónoma de México, cerca del 80 por ciento de los 687 estudiantes dijo preferir leer el texto impreso.

Encuestas e informes sobre los consumidores sugieren que los aspectos sensoriales de la lectura en papel importan a la gente más de lo que cabría suponer: la sensación de papel y tinta; la opción de suavizar o doblar una página con los dedos, el sonido distintivo de pasar una página, la posibilidad de subrayar, de detenerse y tomar nota, hacen que se elija más el papel. Para compensar este déficit sensorial, muchos diseñadores digitales tratan de hacer que la experiencia de los lectores electrónicos –en inglés, e-reader– esté tan cerca de la lectura en formato de papel como sea posible.

La composición de la tinta electrónica se asemeja a la química típica de la tinta, y el diseño sencillo de la pantalla del Kindle se parece mucho a una página en un libro de papel. Sin embargo, estos esfuerzos –que fueron replicados por su competidora Apple iBooks– hasta ahora tienen más efectos estéticos que prácticos.

El desplazamiento vertical puede no ser la forma ideal de navegar un texto tan largo y denso como en los libros de muchas páginas, pero medios como el New York Times , el Washington Post y ESPN crearon atractivos artículos, altamente visuales, que no pueden aparecer en la impresión, ya que combinan texto con películas y archivos de sonido.

Es probable que el organismo de los nuevos nativos digitales cree otras redes neuronales que les permitan preferir lo electrónico al papel, pero mientras tanto, hoy el resto de la población sigue prefiriendo el contacto con las históricas hojas.

10 nov 2014

Nicolás Avellaneda y el papel de la lectura

La lectura fecunda el corazón, dando intensidad, calor y expansión a los sentimientos. Los egoístas no practican, en general, la lectura, porque pasan absortos en la árida contemplación de sus intereses personales. No sienten la necesidad de salir de sí mismos y estrecharse con los demás. Las personas indolentes no leen; pero ¿qué son el ocio y la indolencia, sino las formas plásticas del egoísmo? La naturaleza es pródiga en sorprendentes escenas, en maravillosos espectáculos que el hombre sedentario apenas conoce y que los viajeros contemplan con extática admiración. Los placeres sociales encantan al hombre; pero no siempre vienen a su encuentro ni dependen de su voluntad. Entretanto, los placeres que proporciona la lectura son de todo tiempo y de cualquier lugar, y son los únicos que puede renovar a su albedrío.

La lectura es poderosa para curar los dolores del alma, y Montesquieu ha escrito en sus pensamientos que jamás tuvo un pesar que no olvidara después de una hora de lectura.

El libro es enseñanza y ejemplo. Es luz y revelación. Fortalecen las esperanzas que ya se disipaban; sostiene y dirige las vocaciones nacientes que buscan su camino a través de las sombras del espíritu o de las dificultades de la vida. El joven oscuro puede ascender hasta el renombre imperecedero, conducido como Franklin por la lectura solitaria. El libro da a cada uno testimonio de su vida íntima. Es el confidente de las emociones inefables, de aquellas que el hombre ha acariciado en la soledad del pensamiento y más cerca de su corazón, así la lectura del libro que nos ayudó a pensar, a querer, a soñar en los días felices, es el conjuntos de sus bellas visiones desvanecidas por siempre en el pasado. Cuando puede sustraerme a lo que me rodea y releo mis antiguos libros, parece que se renueva mi ser. Vuelvo a ser joven. Lo que pasó, está presente; y creo por un momento que puedo envolverme de nuevo en la suave corriente de los sueños desvanecidos, cuando repitiendo con acento enternecido el verso de Lamartine o de Virgilio los llamo y los nombro con las voces de mi antiguo cariño. Enseñemos a leer y leamos. El alfabeto que deletrea el niño es el vínculo viviente en la tradición del espíritu humano; puesto que le da la clave del libro que lo asocia a la vida universal. Leamos para ser mejores, cultivando los nobles sentimientos, ilustrando la ignorancia y corrigiendo nuestros errores antes que vayan con perjuicio nuestro y de los otros a convertirse en nuevos actos.

Fuente: Juan Mamerto Garro, Nicolás Avellaneda: escritos y discursos, Buenos Aires, Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco, 1910.

15 abr 2014

¿Qué hacemos los fanáticos de la lectura?

El sitio web Qué Leer, publicó 31 cosas que hacemos los amantes de la lectura.

El muchos de sus puntos coincido plenamente, en otro no tanto. Por eso se los dejo para que ustedes lo analicen.

1. Nunca sales de casa sin coger un libro.

2. De hecho, puede que te conozcan por ir a los restaurantes, al cine, y al bar con un libro bajo el brazo.

3. La idea de una mudanza te parece extremadamente estresante; sólo de pensar en que tienes que apilar, empaquetar y cargar tus numerosos y preciados ejemplares.

4. En realidad, podrían llegar a diagnosticarte síndrome de Diógenes, pero es que no puedes hacerte a la idea de tener que deshacerte de tus ediciones de lujo.

5. Es más, prefieres comprar otro ejemplar para tu amigo con tal de no dejarle un libro tuyo…

6. …porque, de todos es sabido que no hay cosa peor que las páginas manoseadas, arrugadas y dobladas, y eso si consigues que te lo devuelvan.

7. Pero eso no te impedirá seguir siendo odiosamente intransigente y terco con tus libros favoritos.

8. Las vacaciones son una excusa más para compartir clásicos y grandes olvidados de la literatura con tu familia y amigos. Y da igual que su mirada sea de decepción al recibir Guerra y paz en vez de un aparato tecnológico o incluso una bonita corbata, por poner un ejemplo.

9. Mucha gente tiene un equipo de fútbol favorito. Mientras tanto, tú prefieres hablar de tus traducciones favoritas.

10. De hecho, si los autores tuvieran tarjetas comerciales, tú las coleccionarías todas.

11. Las biografías de autores y Wikipedia son para ti como los tabloides del famoseo.

12. …aunque una parte de ti puede que sólo esté interesado en saber cómo los escritores han conseguido hacerse tan famosos, porque, en el fondo, estás convencido de que estás a un paso de convertirte en un gran novelista.

13. Una mala adaptación cinematográfica puede echar a perder tu verano.

14. Encontrar una errata en un libro es peor que escuchar el chirrido de una uña arañando una pizarra.

15. Nada de pasteles recién horneados; tu olor favorito es el de un libro antiguo.

16. Tu opinión sobre el libro electrónico frente a un libro real es clara y firme…

17. Pero, a pesar de tu postura inamovible, acabaste comprándote uno…

18. Sobre todo, cuando lo viste en el escaparate de tu librería de confianza.

19. Las librerías de los aeropuertos te sacan de quicio: pastas de pésima calidad, traducciones fatales… Pero aun así, seguirás acudiendo allí para tener un libro a mano durante el vuelo.

20. El límite de peso en la maleta puede ser un problema. ¿En serio creen que es posible guardar todos los libros en el equipaje de mano?

21. A la hora de elegir piso, una gran librería cerca es un incentivo mucho mayor que una bonita fachada.

22. Algunos de tus mejores recuerdos de la infancia son los momentos de lectura compartida con tus padres.

23. Algunas personas adoptan un animal abandonado, pero tú eres más de adoptar libros. Toparte con un clásico abandonado en cualquier lugar te lleva, inevitablemente, a preguntar si puedes quedártelo.

24. Tu mayor fantasía es conocer a alguien interesante en una librería.

25. Y te encanta juzgar a los demás en función de cómo organizan y clasifican sus estanterías.

26. Te sientes sorprendido, confuso y decepcionado cuando tu vida no sigue un orden lógico narrativo. “¡No me esperaba esto!”, te lamentas cuando tus amigos cancelan los planes para la cena… así que decides meterte en la cama y leer por enésima vez tu libro favorito.

27. “Pero, ¿qué te gusta hacer para divertirte?”, te preguntan a veces. Resulta que mucha gente no entiende que la lectura es una forma de diversión.

28. Además, sostener libros como Los pilares de la Tierra durante horas es un buen ejercicio para ganar musculatura en los brazos.

29. Un audiolibro te parece la banda sonora ideal para un viaje.

30. Te cogiste un día libre cuando salió la última entrega de tu saga favorita.

31. Y una noche de viernes perfecta incluye una copa de vino, un buen sillón y un gran libro.

29 mar 2014

La vigencia de Ryszard Kapuscinski

En su obra "El Imperio" el periodista Ryszard Kapuscinski desnuda al régimen soviético con un relato soberbio. Lo recomiendo al igual que el resto de sus trabajos.

De "El Imperio" me sorprendió como ciertos pensamientos que parecían erradicados vuelven a florecer, y como ejemplo tomo el siguiente párrafo:

“Al mundo lo amenazan tres plagas.
La primera es la plaga del nacionalismo.
La segunda es la plaga del racismo.
Y la tercera es la plaga del fundamentalismo religioso.
Las tres tienen un mismo rasgo, un denominador común. La irracionalidad, una irracionalidad agresiva, todopoderosa, total. No hay manera de llegar a una cabeza tocada por una de estas plagas. En una cabeza así arde constantemente una santa pira en espera de víctimas. Todo intento de entablar una conversación serena está condenado al fracaso. Aquí no se trata de una conversación sino de una declaración. Que asientas a lo que él te dice, que le concedas la razón,que firmes tu adhesión. Si no lo haces, ante sus ojos no tienes ninguna importancia, no existes, pues sólo cuentas como un instrumento, como un arma. No existen las personas, existe la causa".

20 feb 2014

Los mayores lectores del mundo

Los hábitos de lectura varían de país a país y para conocer a los mejores ubicados hay distintas formas de constatarlo. Una es saber qué país tiene la mayor cantidad de lectores y otra los que comprenden mejor lo que leen. En esta carrera mundial de lectores, porque hay datos que los sorprenderán.

Si empezamos por los países que tienen un alto porcentaje de lectores, los islandeses leen unos 40 libros al año, esto los convierte casi en los más lectores del mundo siendo solo superados por Finlandia con 47 libros anuales. Además, uno de cada diez islandeses publicará un libro a lo largo de su vida. Esto hace de Islandia, la mayor generadora de escritores del mundo. Si tenemos en cuenta que Islandia cuenta con 100.000 habitantes sólo en la capital (Reykjavik), nos haremos a la idea de que la ciudad tiene 10.000 autores entre su población, con libros publicados todos al cien por cien en islandés como defensa del idioma. Los islandeses compran más libros per cápita que cualquier otro país del mundo.

De acuerdo con el Eurobarómetro, un reporte de la opinión pública en  la Unión Europea, el 80 por ciento de los suecos ha leído al menos un libro en su vida y el 71,8% lee habitualmente libros. La estadística indica que un 68 % de los finlandeses leen libros. Alemania tiene un 67% de lectores. Los británicos, por su parte, un 61%, y leen 2,6 libros de promedio en las vacaciones. Francia tiene un 56% de habitantes que lee habitualmente. Un 54,9 % de los daneses también gusta de leer. Un noruego promedio lee 18 libros por año. Un alemán (49,8%), aproximadamente 15 libros anuales.

De acuerdo con este reporte, en promedio, el 60 por ciento de los europeos ha leído al menos un libro en los últimos doce meses. Los europeos del norte leen mucho más que los del sur, un promedio de 5 libros por año.

Los españoles son los europeos que menos aprovechan el tiempo libre del verano para leer. O al menos eso es lo que se desprende de un estudio realizado en 2011 por la consultora británica YouGov en la que sitúa a España en la cola del ranking con una media de 1,7 libros leídos durante las vacaciones, por debajo de la media europea que es de dos libros por persona.

Sin embargo, de acuerdo con los diagnósticos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Finlandia encabeza la lista de los que mejor entienden lo que leen, seguido por Canadá (donde promedio de lectura per cápita es de 28 libros por año, el más lector de América), Nueva Zelanda, Australia, Irlanda, Corea del Sur, Reino Unido, Japón, Suecia, Austria, Bélgica, Islandia y Noruega.

Pero hablar del porcentaje de lectores que tiene un país y de la calidad de comprensión de lectura no lo dice todo. Para demostrarlo, están los reportes de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación (UNESCO).

Según la UNESCO, Japón tiene el primer lugar en el hábito de la lectura. El 91 por ciento de la población está acostumbrado a leer habitualmente (libros, periódicos, revistas informativas, deportivas, de música, de mangas). Por ejemplo, un japonés leerá en un año entre 46 y 47 libros. Corea del Sur tiene un 65% de su población que tiene hábitos de lectura.

El panorama en Europa no es tan bueno para todos, como parece. La Federación de gremios de editores de España dio a conocer que el 46.5 por ciento de los españoles nunca lee, y según el Eurobarómetro, los índices más bajos de lectura en Europa se observan en Portugal, con 32 por ciento de personas que no leen, y en Grecia, con el 45 por ciento que nunca tomaron un libro en su vida.

Menos lectores en América
Según datos de la Asociación Nacional de la Educación de Estados Unidos (NEA), el 57 por ciento de la población norteamericana acostumbra a leer contra un 26.5 por ciento de los latinos que viven en Estados Unidos.

Pero más de una tercera parte de la población norteamericana tiene problemas de lectura, a tal grado que se estima que 60 millones de norteamericanos son analfabetos funcionales. De acuerdo a un informe confidencial presentado conjuntamente entre el U.S. Department of Education and the U.S. Department of Labor en el año 2000.

Por su parte, algunos países de América Latina tienen índices más bajos de lectura, como: Brasil, con 14.8 por ciento de lectores y Colombia, con 37 por ciento.

En Argentina el promedio general es la lectura de un libro cada dos meses
En la Argentina cuatro de cada diez personas dicen haber leído de uno a tres libros en los últimos seis meses; el 15,5 por ciento entre cuatro y cinco y el 11 por ciento de seis a diez. Solo el 5,1 por ciento de la población leyó más de diez. Pero el 27,2 por ciento de los argentinos admitió no haber abierto ni una sola página en el mismo período. El promedio general en el país dice que se leen 3,5 libros en seis meses, es decir un libro cada dos meses aproximadamente.

El 75,2 de los argentinos (según una encuesta del diario Clarín) no concurrió a una biblioteca en el último año, el resto respondió que sí. En la Argentina un alumno lee en promedio menos de medio libro por año. En Estados Unidos, obligatoriamente un alumno de 8º año lee 6 y 7 libros por año.

En México, según la última encuesta nacional de lectura, el 85 por ciento de los mexicanos no lee ni siquiera un libro al año. La UNESCO asegura que solamente el 2,8 por ciento de los mexicanos tiene un real hábito de la lectura.

Una persona que lee es más crítica consigo misma y con la sociedad en la que vive. Una sociedad en que se lee es más exigente y por lo tanto tiene más capacidad para progresar.

Desde el año 2001, la UNESCO ha otorgado anualmente el nombramiento de ‘Capital Mundial del Libro’ a aquella ciudad que, por la calidad de su industria editorial y el fomento a la lectura, se lo merece y no porque sea el que más lectores tenga.

En 2007, la ciudad de Bogotá fue la elegida gracias a sus múltiples esfuerzos por fomentar la lectura. Esa fue la primera vez que una ciudad latinoamericana recibe este título, luego de que en años anteriores, Madrid, Alejandría, Nueva Delhi, Amberes, Montreal y Turín recibieran esta distinción. Posteriormente, en el 2011 fue elegida Buenos Aires, recibiendo la visita de destacados escritores internacionales.

Perfil de lector argentino

18 feb 2014

Algunas frases del libro 1984 de George Orwell

La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza.

Un inconfundible mensaje se había cruzado entre ellos. Era como si sus mentes se hubieran abierto y los pensamientos hubiesen volado de la una a la otra a través de los ojos.

Nada era del individuo, a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo.

Le parecía que sólo ahora, en que empezaba a poder formular sus propios pensamientos, era cuando habían dado su paso definitivo.

Era un hombre de aire eficaz.

Cada año habrá menos palabras, así el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño.

Su madre tenía una especie de nobleza sólo por el hecho de regirse por normas privadas. Los sentimientos de ella eran realmente suyos y no los que el estado le mandaba tener.

No querían que la riqueza fuese repartida; si la riqueza llegara a generalizarse, no serviría para poder distinguir a nadie.

Nada cambiaría mientras el poder siguiera en manos de una minoría privilegiada.

Si la masa empezaba a reflexionar se daría cuenta de que nunca podría imponerse a los demás y acabaría sublevándose.

Si se les permite entrar en relación con extranjeros, descubrirían que son criaturas iguales a ellos en lo esencial, y que todo lo que se ha dicho sobre ellos es mentira.

Los mejores libros son los que nos dicen lo que ya sabemos.

Los altos quieren quedarse donde están; los medianos quieren arrebatarle su puesto a los altos; los bajos quieren abolir todas las distinciones y crear una sociedad en la que todos sean iguales.

Les tentaba menos el lujo y más el placer de mandar.

El invento de la imprenta facilitó mucho el manejo de la información.

El gran hermano es la concreción con que el partido se presenta al mundo. Su función es actuar como punto de mira para todo.

La entrada en cada una de las ramas se realiza mediante un examen a los dieciséis años.

Al partido no le importa perpetuar su sangre si no perpetuarse a si mismo.

Sólo podrían ser peligrosos si el progreso de la técnica industrial hiciera necesario educarlos mejor.

Quizás uno no deseara tanto ser amado como ser comprendido.

Que el partido era el eterno guardián de los débiles.

El partido quiere tener el poder por amor al poder mismo.

El poder no es un medio; es un fin en si mismo.

No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace una revolución para establecer una dictadura.

Estás pensando -le dijo- que tengo una cara avejentada y cansada. Piensas que hablo de poder y que ni siquiera puedo evitar la decrepitud de mi propio cuerpo. ¿No comprendes Winston, que el individuo es sólo una célula? El cansancio de la célula supone el vigor del organismo. ¿Acaso te mueres al cortarte las uñas?

No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil.

Todo ocurre en la mente y sólo lo que allí sucede tiene una realidad.

El instinto animal; el simple e indiferenciado deseo. Ésa era la fuerza que destruiría el partido.

1 ene 2014

Los libros que leí en el 2013

Siempre tuve la meta, que nunca logré, de leer un libro por semana.

Por primera vez decidí anotar lo que iba leyendo y este es el balance de 2013: 47 libros leídos.

Estuve cerca del objetivo.

  1. Las cuatro después de medianoche - Stephen King
  2. Los detectives salvajes - Roberto Bolaño
  3. Leer y escribir - Ariel Bermani
  4. El aleph - Jorge Luis Borges
  5. Viajes con mi tía - Graham Greene
  6. Prodigiosos Mirmidones - Leticia García y Carlos Primo
  7. Hearst - David Nasaw
  8. ¡Qué buen consejo! - George Lois
  9. 7 Conversaciones con Borges - Fernando Sorrentino
  10. Sarmiento periodista - Diego Valenzuela y Mercedes Sanguineti
  11. Perfiles - Woody Allen
  12. La lechuza y el caracol - Tomás Abraham
  13. Deshoras - Julio Cortázar
  14. Lo que mas me gusta es rascarme los sobacos - Charles Bukowski
  15. Los que vivimos - Ayn Rand
  16. Nación TV - Fabrizio Mejía
  17. Los próximos 100 años - George Fridman
  18. ¡La exclusiva! - Annalena McAfee
  19. Once maneras de sentirse solo - Richard Yates
  20. El secreto del mal - Roberto Bolaño
  21. Los años que vivimos con K - James Neilson
  22. El género negro - Mempo Giardinelli
  23. Bestiario - Julio Cortázar
  24. Historias de la Argentina deseada - Tomás Abraham
  25. El presente absoluto - Tomás Abraham
  26. Gente poco corriente - Eric Hobsbawn
  27. Gurúes de las finanzas - Forbes
  28. Borges y los argentinos - Zulma Mateos
  29. Vendes o vendes - Grant Cardone
  30. La pista de hielo - Roberto Bolaño
  31. El río Congo - Peter Forbath
  32. Parásitos - Robert Levine
  33. Equipos de ventas de alto desempeño - Tom Polchek
  34. Borges el palabrista - Esteban Peicovich
  35. La larga crisis argentina - Luis Alberto Romero
  36. Cuadernos - Juan José Sebreli
  37. Historia y poder de la prensa - Raúl Sohr
  38. American Sarmiento - Hernán Iglesias Illa
  39. Una novelita lumpen - Roberto Bolaño
  40. Bird. El trunfo de Charlie Parker - Gary Giddins
  41. La Argentina que nos duele - Luis Alberto Romero
  42. La guerra del fútbol - Ryszard Kapuscinski
  43. Dinero para cultura - Gabriel Zaid
  44. Escritores espías - Fernando Martínez Lainez
  45. Retratos y encuentros - Gay Talese
  46. La silla del águila - Carlos Fuentes
  47. Invisible - Paul Auster

Los mejores fueron "La guerra del fútbol"; "El rio Congo"; "Perfiles"; "Conversaciones con Borges" y "Los detectives salvajes".

El peor fue "Nación TV".

23 dic 2013

TOP 10: Novelas Latinoamericanas

Estos son las diez novelas indispensables de la rica literatura latinoamericana y no deberían faltar en ninguna biblioteca. 

Los detectives salvajes de Roberto Bolaño
Novela que con el paso del tiempo se ha vuelto de culto. Extensa narración que buscó en palabras del autor ´reflejar una cierta derrota generacional y también la felicidad de una generación, felicidad que en ocasiones fue el valor y los límites del valor´.

Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante
Novela encuadrada como si la naturaleza narrativa fuera cinematográfica. Nos lleva del oído hacia elocuciones de diversos personajes que parecerían estar siempre en los tablillos de un escenario para contar sus historias preñadas de nostalgia por La Habana de fines de los cincuenta.

Juntacadáveres de Juan Carlos Onetti
Una de las tres novelas cumbre de Onetti, en ella a partir de la instalación de un prostíbulo y la correspondiente regencia de sus prostitutas, el autor ausculta la miseria, la decadencia y todos esos bajos fondos de la existencia humana.

El entenado de Juan José Saer
Una joya guardada de la literatura latinoamericana. Aborda con agilidad y pinceladas impresionistas la historia de un rapazuelo que se enrola en una embarcación para buscarse la vida.

Los siete locos de Roberto Arlt
Un argumento disparatado, mucho ingenio y talento de sobra son los ingredientes que hacen de esta novela una obra imprescindible.

La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes
Una obra magistral, ausculta los últimos momentos de un hombre ruín, destrozado por una enfermedad que ya lo resolvió.

Rayuela de Julio Cortázar
Novela de impacto, una antinovela para muchos. Nos aborda diversos canales o rutas narrativas. El lector se eleva a la categoría de participante, él de alguna manera salta los cajones narrativos como en el juego de la Rayuela.

Pedro Páramo de Juan Rulfo
Novela corta que impresiona por la concentración narrativa de todos sus sucesos, por sus elementos líricos y simbólicos. Nos narra el periplo de Juan Preciado hacia el mundo de los muertos, la comunidad de Comala.

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez
Una de las novelas cumbres del Boom latinoamericano. Desarrolla la genealogía de los Buendía a través de lo que después se conocería como Realismo mágico.

La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa
Es una de esas obras maestras que lograron trabajar la Novela Total hasta sus niveles últimos. En medio de una atmósfera apocalíptica asistimos a la narración de la Guerra de Canudos, acontecimiento que sucedió en la realidad por los años 1897 en el Brasil.

10 sept 2013

¿Es un mérito el Premio Nobel de Literatura?

El periodista José Luis Cutello escribió hace algunos meses una interesante nota acerca del mérito de obtener un Premio Nobel en Literatura. Aquí dejo la transcripción del artículo.

En 1941, se publicó "El jardín de senderos que se bifurcan", la primera parte de un libro substancial para la historia de la literatura argentina: "Ficciones". Cuando al año siguiente la Comisión de Cultura se reunió para otorgar el Premio Nacional de Literatura, fue galardonada la novela "Cancha larga", de Eduardo Acevedo Díaz (h). Y el libro de Jorge Luis Borges apenas obtuvo un voto para el segundo puesto, el del jurado Eduardo Mallea.

Así de lábiles fueron, son y serán siempre los criterios de premiación literaria. Primero porque hay que sortear, generalmente, un tribunal de preselección; y luego porque el libro o el autor premiado coincidirá de alguna u otra manera con el gusto del jurado que, al ser integrado por escritores, dirimen allí batallas estéticas y políticas de creación verbal.

La crítica oficial (u oficializada como jurado de un premio) es eternamente arbitraria y por eso nadie recuerda hoy haber leído a Acevedo Díaz, cuyos méritos no se ponen aquí en discusión por ignorancia. Sin embargo, sí sabemos que una gran cantidad de personas a lo largo del mundo ha disfrutado, en varios idiomas y dialectos, esos siete relatos que comienzan con "Tlôn, Uqbar, Orbis Tertius" y finalizan con "El jardín...".

Este preámbulo nos sirve para adentrarnos en el premio controversial por excelencia: El Nobel de Literatura. Es uno de los cinco rubros específicamente señalados en el testamento de Alfred Nobel junto a Química, Medicina, Fisiología o Medicina y Paz. Según decidió el filántropo sueco, el galardón debe ser otorgado anualmente "a quien haya reproducido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal".

La definición es tan etérea e imprecisa que ni los críticos más experimentados y ecuánimes podrían dar con un candidato adecuado. Por eso, quizá, al comité de la Academia Sueca se le ocurrió en 1953 dárselo a Sir Winston Churchill, sin duda uno de los cinco estadistas más importantes del siglo pasado, aunque con escasos méritos como historiador de las proezas de Inglaterra en la primera y la segunda guerras mundial, en doce pesados tomos que muy pocos estudiantes británicos leen en la actualidad.

Por ese mismo motivo, la Academia Sueca ha ignorado a gran parte de los escritores que forman parte del programa básico de cualquier facultad de letras del planeta. Si aterrizara hoy un venusino y preguntara por una bibliografía elemental para conocer el panorama literario durante el siglo XX, pocos se atreverían a dejar afuera al francés Marcel Proust, al irlandés James Joyce, al checo Franz Kafka, al ruso León Tolstoi o al argentino Jorge Luis Borges. Sin embargo, los suecos lo hicieron.

Tampoco es cuestión de desacreditarlos porque han tenido grandes aciertos. En los años '30 fueron premiados dos de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos como Luigi Pirandello y Eugene O'Neill y, en los '60, Samuel Beckett. También fue galardonado en la década siguiente uno de los poetas más deslumbrantes, T.S. Eliot (1948), aunque no así su maestro, "il miglior fabbro" Erza Pound, debido a su opción decidida por el fascismo. Y entre fines de los '40 y los '50, lo recibieron dos de los grandes novelistas del siglo pasado, los norteamericanos William Faulkner (1949) y Ernest Hemingway (1954). Incluso, dos de los pensadores más personales de la última centuria como el inglés Bertrand Russell (1950) y el francés Jean-Paul Sartre (1964) fueron destacados con el Nobel. Y esta lista podría modificarse de acuerdo con los gustos de cada quien.

Gracias a las investigaciones periodísticas y a la trilogía de novelas "Millennium" de Stieg Larsson, sabemos ahora que además de una gran calidad de vida, el cuidado del medio ambiente y una altísima tasa de suicidios, los suecos y los noruegos son machistas (lo que explica la escasa cantidad de mujer premiadas), violentos (los neonazis de Europa consideran esos dos países su paraíso actual) y grandes consumidores de alcohol. Por supuesto, no se puede generalizar porque cada ser humano es un mundo, pero estas características explicarían en parte algunas de las votaciones de la Academia Sueca cuando otorga cada año, el primer jueves de octubre, ese premio que es tan arbitrario y político como el Oscar de la Academia de Hollywood.

3 sept 2013

Ricardo Piglia en Princeton

El siguiente artículo -escrito por Alejandro Rebossio- se publicó esta semana en el diario El País de España vale la pena compartirlo.

Rumbo a su oficina, y antigua vivienda, en la calle porteña de Marcelo T. de Alvear, es probable que muchos argentinos no lo reconozcan, pero él es uno de los escritores en español más notables de la actualidad. Ricardo Piglia, de 71 años, autor de las novelas Plata quemada y Blanco nocturno (Premio Rómulo Gallegos y de la Crítica, en España), iba allí cada mañana de 2012 para escribir su último título, El camino de Ida (Anagrama). Después de 15 años dando clases en las universidades de Princeton y Harvard, Piglia regresó de Estados Unidos en diciembre de 2011 y se puso a redactar esta novela que en agosto ha llegado a las librerías de Argentina y este mes estará en las de España. Entre libros apilados contra las paredes de todo el piso, el autor bonaerense ofrece agua mineral, zumo de naranja y frutos secos para acompañar la charla.

“En esta novela me dije que sería bueno hacer algo más o menos autobiográfico a partir de mi experiencia estadounidense, tratando de tomar un aspecto que me parecía lo más narrativo, que era la sensación rara que tenía de extranjería, que no es la misma que cuando uno es inmigrante, exiliado o un viajero que pasa mucho tiempo en un lugar”, cuenta Piglia.

“Estaba instalado con un cargo de profesor, había comprado una casa, como tantos colegas que venían también de otros lados. No tenía ninguna nostalgia de Buenos Aires en el sentido clásico argentino, porque iba y venía. No tenía la sensación que, a veces, tiene alguna gente que empieza a cultivar el tango, cosa que acá no hacía. Ni siquiera me veía mucho con argentinos, más bien mis amigos eran locales. Traté de hacer la vida como si fuera de ahí. Pero eso no impedía que tuviera una visión: como si todo estuviera demasiado subrayado. Me sentía cómodo, en el sentido de estar haciendo una vida distinta a la que hago acá, con otros amigos y otro tipo de sociabilidad, y con cierta idea, que creo que todos los escritores tenemos, de una vida más monástica”, relata el autor. Su personaje principal también es un profesor argentino que vive en Estados Unidos una suerte de vida paralela.

A partir de aquella experiencia propia comenzó la ficción. “Apareció un romance con una profesora bastante clásica en los ambientes universitarios estadounidenses de los años actuales. Es gente muy radicalizada desde el punto de vista de las discusiones sobre literatura y cultura, lo que se llaman estudios culturales, estudios poscoloniales y una serie de modas que vienen de EE UU, y que en general están todas definidas por actitudes de revisión del canon, de cuestiones de discriminaciones a minorías, que nunca están acompañadas por ninguna acción real, política, como sí en Argentina o España. Me interesaba mucho la sensación de una historia de amor muy tensa y que de pronto ella muriera. Estuve dando vueltas sobre por qué moría y cómo”, cuenta.

Fue entonces cuando recordó la historia de Unabomber, aquel filósofo y matemático estadounidense que enviaba cartas bomba a universidades y líneas aéreas para expresar su crítica a la sociedad tecnológica moderna, y con las que murieron tres personas y otras 23 resultaron heridas entre 1978 y 1995. “Trabajando en la novela, de una manera inesperada, en lo que algunos llaman inspiración y yo llamo ocurrencia, ligué la historia personal con esta otra historia que para mí expresaba tantas cosas de Estados Unidos. ¿Por qué trabajé el personaje de Unabomber? Por dos cosas que habían sucedido en la realidad y que para mí fueron asombrosas. Una es que el personaje real había leído muchas veces la novela de [Joseph] Conrad El agente secreto, y otra es que se había inspirado en el personaje que hay en la novela. Me interesó mucho el hecho de que el FBI hubiera gastado en la persecución de este individuo a lo largo de casi 20 años gran cantidad de dinero y fuerzas, y que solo lo hubiera atrapado porque el hermano lo delató, una resolución dostoievskiana de Karamazov”, desarrolla Piglia, amable y simpático desde su escritorio.

El autor argentino quería contar su experiencia en Estados Unidos, una cultura que admira y con la que se había formado, al igual que otros colegas de su generación que ya no se criaron mirando a Francia sino a la generación beat, el cine y el jazz del Norte. “Como soy un hombre de izquierda, siempre he pensado que Estados Unidos era una problema para América Latina y siempre he establecido una distinción entre el Estado y la sociedad estadounidense”, aclara.

Ahora dirige una colección de reediciones de la literatura argentina y acaba de grabar un programa de televisión de cuatro capítulos en los que enseña sobre Jorge Luis Borges. De su experiencia en la universidad estadounidense contrasta las virtudes y las carencias: “Una son las condiciones de trabajo, la libertad de cátedra. Hay una gran dinámica. Tiene una virtud para el tipo de tensión que tenemos los escritores, y es que es totalmente autónoma de la cultura de masas. La contra es que está muy aislado de la vida real. Nosotros tenemos demasiada vida real. Sería bueno que tuviéramos un poco menos, porque esas son las crisis, la política, todos los líos que hay”.

Por aquellas aulas y pasillos de Princeton se ha cruzado durante años con escritores que iban a dar programas de escritura creativa, como Toni Morrison, Gabriel García Márquez, Paul Auster, Philip Roth o Mario Vargas Llosa. También le tocó vivir de cerca el suicidio de Antonio Calvo, un profesor español que había sido despedido de Princeton por unas frases que sonaron provocativas en aquel ambiente: “Fue un hecho que nos conmovió a todos. Era un amigo. Entiendo a los colegas que no quieren intervenir en estas cosas, pero en Argentina hemos intervenido en cosas más complicadas y peligrosas”.

28 ago 2013

El genial "El cuento del lunático" de Woody Allen

El libro de cuentos "Perfiles" de Woody Allen tiene varios relatos memorables.

Uno de ellos es "El cuento del lunático", que tranquilamente podría ser una película.

Aquí lo dejo relatado por un señor español para que lo puedan disfrutar, aunque recomiendo fervientemente su lectura.

21 ago 2013

¿Cómo saber si uno es millonario?

En el libro de Thomas Stanley y William Danko, "El Millonario de al Lado" ("The Millionaire Next Door"), propone un ejercicio muy sencillo en tres pasos para saber si uno es millonario o esta en camino de serlo.

1) Calculá tu patrimonio neto actual
Para ello hay que sumar todos los activos valuados a valor de mercado. Esto incluye: dinero en efectivo, inversiones, casa, auto y cualquier otro activo con el cual se cuente, siempre y cuando tenga un valor de reventa.

Luego, calcular el pasivo: deudas con tarjeta de crédito, hipotecas, otros préstamos que te hayan hecho familiares o amigos y demás.

Para finalizar esta primera parte, restarle el pasivo al activo para llegar al patrimonio neto.

2) Calculá tu "patrimonio neto objetivo"
Para ello, hay que calcular el ingreso anual (incluido aguinaldo si trabajás en relación de dependencia y cualquier otra fuente de ingresos que puedas tener) y luego dividirlo por 10. Finalmente, multiplicar el número obtenido por tu edad. El resultado es tu "patrimonio neto objetivo".

3) Comparar el patrimonio neto obtenido en 1 con el patrimonio neto objetivo obtenido en 2.
Un millonario podría definirse como aquel que tiene un patrimonio neto de dos veces o más su patrimonio neto objetivo, mientras que el promedio de la gente descubre que su patrimonio neto es igual o inferior a su patrimonio neto objetivo.

13 ago 2013

¿Quién se ha llevado mi queso?

Hace algunos años se había puesto de moda un librito llamado "¿Quién se ha llevado mi queso?" escrito por Spencer Johnson.

Era una corta fábula acerca de la forma cómo las personas manejan el cambio, algo que instintivamente tratamos de evitar o minimizar, pero que ocurre y es inevitable.

En este caso ante la desaparición del queso al que estaban acostumbrados los cuatro ratoncitos protagonistas de la historia, cada uno de ellos reacciona en forma diferente y de acuerdo a su personalidad.

Si bien el libro no me pareció nada del otro mundo, destaco las frases que el ratoncito Haw (el que se adapta y ve el cambio como una mejora) va anotando en la pared.

- El cambio ocurre. Anticípelo.
- No se aferre a viejas ilusiones.
- No se aferre al miedo. Enfréntelo y deseche lo irracional.
- Esté pendiente de los pequeños cambios en su situación. Los pequeños cambios son la base de los grandes cambios.
- Esté preparado para adaptarse rápidamente, cambiándose usted mismo.
- Disfrute el cambio – saboree la aventura de partir en nuevas direcciones.
- Esté preparado para cambiar otra vez; recuerde, siempre hay queso nuevo.

1 jul 2013

Juan José Sebreli: "La Ilustración se sigue considerando hoy una antigüedad"

Si la Ilustración permitió a la humanidad superar su minoría de edad, como escribió Kant, algo debió ocurrir después que nos devolvió de bruces al jardín de infancia. Juan José Sebreli (Buenos Aires, 1930) ha dedicado una extensa obra a localizar tal incidente para, después, proceder a su disección. Incidente que gasta tantos nombres como el mismísimo diablo: relativismo cultural, irracionalismo, indigenismo, posmodernidad, neopopulismo... Las hostilidades arrancaron en 1991, cuando Sebreli publicó en Argentina El asedio a la modernidad, que más de veinte años después por fin se edita en España en edición actualizada. Una obra ya clásica en lo que los gigantes contra los que embiste el autor no son precisamente molinos. Aunque lo parezcan. El Cultural eligió en 2008 un libro suyo, El olvido de la razón (Debate) como el mejor publicado ese año en la categoría de No Ficción. El combativo Sebreli, cuya formación autodidacta lleva a gala, aísla en este libro la caja de Pandora de la que emergieron los males que todavía hoy aquejan a la razón. No son otros que los efluvios del viejo y aciago Romanticismo.

Pregunta.- Si posteriormente, en Las aventuras de la vanguardia enfrentaría el irracionalismo estético y en El olvido de la razón, el filosófico, ¿en El asedio a la modernidad pretendía refutar el Zeitgeist, el espíritu de su tiempo?
Respuesta.- El irracionalismo estético (vanguardia) y el filosófico (poestructuralismo) no son sino dos aspectos de una corriente histórica opuesta a la Ilustración, a la razón y la modernidad, conocida por Romanticismo. Hoy puede decirse que las corrientes en boga son posrománticas, y la llamada posmodernidad en realidad es premoderna. El asedio a la modernidad intenta mostrar las condiciones históricas que permitieron la existencia de estos opuestos.

P.- En aquellos tiempos, se podría decir, relativistas y posmodernos campaban a sus anchas. ¿La Ilustración se había tomado unas vacaciones?
R.- La Ilustración se sigue considerando una antigüedad, pero hoy los ataques vienen desde el neopopulismo y la antiglobalización.

P.- ¿Qué explica la rápida y generalizada extensión del relativismo cultural? ¿La mala conciencia de las sociedades prósperas, quizás?
R.- Los grandes fenómenos históricos nunca tienen una sola causa. Una de ellas es, en efecto, la mala conciencia de las sociedades prósperas, otra el derrumbe de esa falsificación del humanismo racional que fue el estalinismo.

P.- Han pasado más de 20 años desde la edición argentina de El asedio a la modernidad. Los enemigos de entonces, ¿siguen siendo los mismos?
R.- La situación actual es mejor en algunos aspectos ya que han sido derrotados los grandes totalitarismos; pero a la vez han resurgido los neopopulismos. Al mismo tiempo que la sociedad occidental conoce las libertades individuales como nunca antes, la democracia republicana que es por ahora su único sustento, está en crisis.

P.- Pero hoy podríamos detectar una diferencia respecto a hace dos décadas, ¿no? Me refiero al auge generalizado de las ciencias biológicas, cognitivas y neurociencias, que afianzan una explicación de la naturaleza humana inmune a tablas rasas...
R.- El auge de las ciencias biológicas, cognitivas y neurociencias es positivo en cuanto barre con el irracionalismo anticientífico, pero no es bueno su aislamiento de las ciencias humanas, el peligro de caer en un nuevo positivismo.

P.- Que las disciplinas humanísticas sean las únicas en practicar el estructuralismo, el psicoanálisis o la deconstrucción, ¿prueban su especificidad o su atraso?
R.- El atraso de las disciplinas humanísticas con respecto al desarrollo de la ciencia es la otra cara de la separación entre ciencia y filosofía, sólo una síntesis de ambas puede sacarnos del atolladero.

P.- Otros irracionalismos presentes en su libro están en plena forma. El populismo, por ejemplo.
R.- El neopoulismo vigente bajo formas de derecha en Europa y de seudo izquierda en América latina, era inevitable tras la caída de las izquierdas y la imposibilidad del neoliberalismo de enfrentar un mercado desbocado. No veo otra salida que una federación democrática mundial guiada por un liberalismo de izquierda.

P.- Resulta también también pertinaz la vigencia del indigenismo y del mito del buen salvaje, dos objetos de sus críticas.
R.- El indigenismo es un reclamo del populismo aunque cuando este llega al poder, entra en conflicto, tal los casos de Evo Morales y Cristina Kirchner. El indigenismo es una de las formas que adopta el repudio del humanismo universal, los indígenas deben reclamar su igualdad de derechos con el resto de la sociedad, no reivindicar un particularismo contrario a un mundo que marcha hacia la universalidad.

P.- 15-M, Ocuppy Wall Street, Primavera Árabe, Turquía, Brasil ahora. ¿Encuentra más razón o sinrazón en los movimientos sociales de los últimos años?
R.- Los nuevos movimientos sociales pueden ser positivos o negativos. En Buenos Aires 2001 se hace una multitudinaria movilización de masas antipolítica pidiendo que se vayan todos y no se quede ninguno; la conclusión fue que volvieron todos y se quedaron los peores. Los movimientos callejeros son efímeros o negativos cuando no canalizan su protesta en una organización política.

P.- Se pregunta Mario Bunge si la izquierda no cree en la realidad, ¿por qué quiere cambiarla?
R.- La izquierda que no cree en la realidad siguiendo a los relativistas, es una falsa izquierda. Si no existe una objetividad de los valores, ¿en qué fundamentar los derechos humanos o las libertades?

P.- Usted se declara partidario de una izquierda universalista y racionalista cada vez más difícil de encontrar. De hecho, en su país le consideran “de derechas”. ¿Por qué insiste?
R.- Me consideran de derechas los que confunden la izquierda con el populismo. Pienso que hay que resemantizar los términos de izquierda y derecha. Suelo citar a un político español, Felipe González, que dijo hoy no se puede hablar izquierda o derecha sino de modernidad o populismo.

26 jun 2013

Top 10: Restaurantes literarios

Si, mi locura hacia los libros me llevó a a buscar una lista de los principales restaurantes con temática literaria.

Un mix explosivo: Buena comida y libros en un mismo lugar, lástima que no haya alguno en Latinoamérica.

1.- Onegin, Nueva York.
El diseño de este suntuoso restaurante de fusión rusa está inspirado en el libre Eugene Onegin de Pushkin.

2.- Gogol, San Petersburgo, Rusia.
Parece como un departamento del siglo XIX en donde los menús se dividen en capítulos como si fueran una de las novelas de Gogol.

3.- Alice in Magic World, Tokio, Japón.
Restaurante temático basado en Alicia en el país de las maravillas creado por Fantastic Design Works Co. Su decoración recuerda varios paisajes del libro de Lewis Carroll.

4.- Les Éditeurs, París, Francia.
Restaurante-biblioteca o bilblioteca-restaurante pregunta el sitio web de este restaurante parisino localizado en el Barrio Latino. Buena comida y buenos libros.

5.- Club Verne, Budapest, Hungría.
No tienen que ir 20,000 leguas bajo el mar para encontrar un restaurante dedicado a Julio Verne.

6.- Biblio, Brooklyn.
Este nuevo restaurante en Williamsburg encanta con un menú llamado Tabla de contenidos y numerosas referencias literarias.

7.- Bookbar, Denver, Estados Unidos.
Librería, bar y café todo en uno.

8.- Café Kafka, Barcelona, España.
Este café bohemio lleva el nombre de uno de los más grandes escritores del mundo, Kafka. Se localiza a pocos metros de Mercat del Born.

9.- Hugo Café, Dubai.
En este café se sirve comida francesa-vietnamita y que cuenta con una decoración totalmente francesa además de referencias visuales al escritor Víctor Hugo.

10.- Café du Livre, Marrakech, Marruecos.
El lugar cuenta con comida deliciosa, sillas cómodas y más de 2,000 libros en distintos idiomas para comprar o leer.