10 jul. 2012

Algunas frases de Jorge Luis Borges





Jorge Luis Borges fue un magnífico escritor. Su obra esta entre lo mas alto de la literatura mundial; pero suele ser muy criticado por sus opiniones.

El problema con Borges es que en todas sus etapas siempre fue "crítico". Borges no siempre fue un narrador como en los años veinte; no siempre fue un poeta como en las décadas del '30 y '40; pero siempre fue  crítico.


A esto hay que sumarle su erudición que muchas veces lo hacen parecer barroco y culto hasta la pedanteria, aunque jamás haya sido esa su intención.


La personalidad de Borges era la de ser elitista y evitar, criticar y combatir lo populachero.


Aquí un compilado de declaraciones que casi siempre rozan lo brillante.

Yo no me siento maestro. No puedo dejar un mensaje para generaciones futuras, puesto que yo mismo no he sabido gobernar mi vida, y ni siquiera sé si he sabido gobernar mi obra literaria.


...yo sabía que me jugaba el premio Nobel cuando fui a Chile y el presidente (...) Pinochet me entregó la condecoración. Yo quiero mucho a Chile y entendía que me condecoraba la nación chilena, mis lectores chilenos.

La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama "viveza criolla".

Mi fama basta para condenar a esta época.

El vicio más incorregible de los argentinos es el nacionalismo, la manía de los primates.

Me gustan los juegos solitarios: el ajedrez, la equitación, la natación. Detesto los deportes masivos como el fútbol y el cóctel.

Cuando escribo, no pienso nunca en los lectores. Salvo en el sentido de no presentarles dificultades.

Es absurdo suponer que todo el mundo puede opinar en política. De política entenderán algunas personas, entre las cuales hasta podríamos incluir a algún político.

Nada sé de la literatura argentina actual. Hace tiempo que mis contemporáneos son los griegos.

Hay dos cosas que quisiera reconstruir: el rostro de mi madre y la imagen de un caballo perdido en la pampa...

Lo malo es que en la Argentina ganamos todas las guerras y perdemos todas las elecciones.

No he observado jamás que los españoles hablaran mejor que nosotros. Hablan con voz más alta, eso sí, con el aplomo de quienes ignoran la duda.

De mi libro Historia universal de la infamia vendí 37 ejemplares en un año. Podía imaginar a mis 37 lectores. Pero 5.000, 10.000 lectores son ya la abstracción, la nada.

Es triste tener que elegir entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Se parecen bastante y no miro con simpatía ninguno de los dos.

Para mí la clase media es una clase superior. La aristocracia es muy parecida al pueblo. Los aristócratas son muy nacionalistas y el pueblo también lo es. Les da por las mismas cosas. Les interesa el lujo, las carreras.

Generalmente, cuando se dice de una persona que es inteligente, lo que se quiere decir es que es ocurrente, esto es, que tiene algo que decir sobre un tema inmediatamente. Pero esa persona puede no ser inteligente, ya que la inteligencia puede ser lenta. ¿Si yo soy inteligente? Si me dan algunos años, soy inteligente. Si me hacen la pregunta en forma inmediata, soy más bien estúpido.

No podría definirme como ateo, porque declararme ateo corresponde a una certidumbre que no poseo. A fin de cuentas, el universo es tan extraño que todo es posible, hasta un Dios que es uno y es tres.

Estoy sumamente alarmado pues la Biblia recomienda vivir hasta los 70 y, pasado de ahí, según las Sagradas Escrituras, todo es pesadumbre y tristeza. Mi corazón camina perfectamente, lo cual es malo, porque así no puedo esperar esa bendición que es un ataque cardíaco.

Ese edificio pomposo es inútil. Sí, el Congreso.

El mayor defecto del olvido es que a veces incluye la memoria.

En mi juventud probé la mescalina y la cocaína pero enseguida me pasé a las pastillas de menta que me parecieron más estimulantes. Si las drogas producen el mismo efecto que el alcohol, no me interesan. Un borracho es evidentemente ridículo.

Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la nueva disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor.

El libro es ese instrumento sin el cual no puedo imaginar mi vida y que no es menos íntimo para mí que las manos o que los ojos.

Soy un invento de los franceses porque ellos hicieron que yo sea visible. En mi país nadie se había fijado especialmente en mí. Vivía en función de otras personas, de mi madre, de mis abuelos, de mis bisabuelos. Entonces, cuando me dieron un premio en Francia empezaron: "Caramba, ¡un premio así a un argentino!". Porque nuestro país, desdichadamente, es muy nacionalista. Y entonces ya la gente sintió simpatía por mí, empezaron a fijarse en mí.

Yo propondría que los políticos no fueran personajes públicos.

La fama, como la ceguera, me fue llegando gradualmente. Fue como un lento atardecer de verano.

Los ingleses también hicieron mucho mal al mundo. Por ejemplo, lo han llenado de estupideces, como el fútbol.

Creo que a la libertad se le ha dado demasiada importancia. La mayoría de las personas no saben cómo ejercerla. La ejercen de un modo bobo.

¿Qué clase de novela es esa que necesita documentarse? Eso es una forma de periodismo.

Una de las peores cosas que le puede pasar a un escritor es que sea periodista, porque entonces está obligado a buscar los temas. Creo que los temas deben buscarlo a uno, que es un error proponerse un tema.

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