14 sept. 2010

La era de las Megalópolis

Lo que sucede en nuestras ciudades importa más que lo que sucede en cualquier otra parte. Las ciudades son los laboratorios experimentales del mundo y, por tanto, una metáfora para una era incierta. Son al mismo tiempo el cáncer y las bases de nuestro mundo en red, a la vez el virus y el anticuerpo. Desde el cambio climático, pasando por la pobreza e incluso en términos de desigualdad, las ciudades son el problema y la solución.

Asi finaliza un muy interesante artículo pubicado en el diario La Nación de Argentina, que dice entre otras cosas que "El siglo XXI no será dominado por Estados Unidos o China, Brasil o la India, sino por las ciudades. En una era que aparece cada vez más inmanejable, las ciudades y no los Estados se están convirtiendo en las islas administrativas sobre las que se construirá el futuro orden mundial. Este nuevo mundo no es -y no será- tanto una aldea global como una red de aldeas distintas."


Entre otros datos que acerca el autor, se destaca: "Más de la mitad del mundo vive ya en ciudades y el porcentaje va en rápido aumento. Pero sólo 100 ciudades dan cuenta del 30 por ciento de la economía mundial y de casi toda su innovación. Muchas son capitales del mundo que han evolucionado y se adaptaron a través de siglos de dominación: Londres, Nueva York, París. La economía de la ciudad de Nueva York por sí sola es mayor que la de 46 naciones subsaharianas sumadas. Hong Kong recibe más turistas anualmente que toda la India. Estas ciudades son motores de globalización y su vitalidad perdurable se basa en el dinero, el conocimiento y la estabilidad. Hoy son verdaderas Ciudades Globales."

"Ni la política de equilibrio de potencias del siglo XIX ni los bloques de poder del siglo XX sirven para entender este nuevo mundo. En cambio, tenemos que mirar hacia atrás casi mil años, a la era medieval en la que ciudades como El Cairo y Hangzhou eran los centros de gravedad globales y expandían su influencia confiadamente hacia el exterior, en un mundo sin fronteras. Cuando Marco Polo partió de Venecia por el emergente Camino de la Seda, destacó las virtudes, no de los imperios, sino de las ciudades que los hacían grandes. Admiró los viñedos de Kashgar y la abundancia material de Xi´an, e incluso predijo -correctamente- que nadie creería su relato de la riqueza comercial de Chengdu. Es bueno recordar que la Edad Media sólo fue oscura en Europa; en cambio, fue la época de apogeo de la gloria árabe, musulmana y china."

"Ahora como entonces, las ciudades son los verdaderos imanes de las economías, las que innovan en materia política y, cada vez más, los motores de la diplomacia. Las que no son capitales actúan como si lo fueran. En este nuevo mundo, las ciudades no obedecen las mismas reglas del viejo compacto de naciones: escriben sus propios códigos de conducta oportunistas, animadas por la necesidad de eficiencia, conectividad y seguridad por encima de todo."

EL FUTURO SERA ASIA

"Nueva York y Londres juntas siguen representando el 40 por ciento de la capitalización de mercado global. Pero si uno mira el mapa económico hoy se hace evidente un cambio importante. Los centros financieros del Pacífico asiático -Hong Kong, Seúl, Shangai, Sidney y Tokio- apalancan la globalización, dando impulso a una asiatización en aceleración creciente. El dinero de todo el mundo inunda estas capitales pero tiende a quedarse en Asia. Un fondo monetario asiático ahora da estabilidad a las divisas de la región y el comercio dentro de Asia ha crecido hasta hacerse mucho mayor que el que se da a través del Pacífico."
"La investigadora Saskia Sassen ha sido quien más contribuyó a pensar cómo la ventaja urbana se traduce en grandes estrategias. Como escribe en La ciudad global , tales lugares son particularmente aptos para traducir su poder productivo en “la práctica del control global”. Sus trabajos académicos han rastreado la manera en que las ciudades en gran medida autónomas de la Europa del Renacimiento, tales como Brujas y Amberes, innovaron con los marcos legales que permitieron crear las primeras bolsas transnacionales, lo cual preparó el terreno para el crédito internacional y los antecesores de las actuales redes de operaciones financieras. Entonces, como ahora, las naciones e imperios no refrenaban a las ciudades: eran meros filtros para las ambiciones globales de las ciudades. Como argumenta Sasen, en las ciudades no se puede establecer divisiones ingenuas entre el Estado y el sector privado: trabajan juntos o la ciudad no funciona."

El siguiente mapa (que no esta en el artículo del diario La Nación) marca las Megalópolis con más de 10 millones de habitantes. Los datos son del 2006.

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