27 ene. 2011

"The Nightfly" jamás pasara de moda

Este álbum es el primero que pongo en la lista para llevarme a una isla desierta.

No puedo creer que haya gente que camine impune por el mundo sin aun haberlo escuchado. Tampoco puedo creer que en 1982 le hayan dado el premio Grammy como mejor disco a “Toto IV” y no a esta joya.

Esta obra fue la primera grabada 100% digital y su sonido es tan bueno, que hoy en día se sigue usando para probar los equipos de Hi Fi, además de no faltar en la discoteca de ningún melómano y estar entre los 1000 discos que hay que escuchar antes de morir.

Para lo que aun caminan impunes por el mundo sin haberlo escuchado, les cuento que Donald Fagen fue junto a Walter Becker líder de esa exquisita banda que fue Steely Dan, de la cual ya hablaré en otro momento.

The Nightfly”, es el debut como solista de Donald Fagen, que continuó con el sonido de Steely Dan, pero, a mi criterio, con mucha mas sustancia, ambición y elegancia tanto en las letras como en el sonido.

En la contratapa del LP, (Si, lo tengo en LP, en cassette y en CD), Fagen dice que las canciones en este álbum "representan ciertas fantasías que pudieron entretener a un hombre joven que crecía en los suburbios alejados de una ciudad del noreste a fines de los años '50 y comienzo de los '60". Otro punto fuerte del álbum son los músicos: el tecladista Greg Phillinganes (co autor de varios hits junto a Lionel Richie), el desaparecido y notable baterista Jeff Porcaro, los coros de Valerie Simpson, Larry Carlton en guitarra, los hermanos Brecker en saxos y trompeta, Anthony Jackson y Abraham Laboriel en bajo, entre otros.

Ademas tiene la mejor canción de amor de los últimos 25 o 30 años: “Maxine”.

Más motivos no les puedo dar para que tengan este álbum que es demasiado Jazzlosophy!

De todas formas, y para que no crean que soy el único obsesionado con este disco, les dejo un análisis perfecto que hizo la gente de la página Caratuleo.

The Nightfly. El disco es un homenaje a su remota adolescencia en los suburbios de New York; a través de varias imágenes de la época de fines de los cincuenta e inicios de los sesenta que lo influenciaron enormemente. La idea del álbum es la de un programa radial de madrugada, a cargo de un personaje de la radio de Baton Rouge, Louisiana, llamado "La Mosca Nocturna". La Mosca nos asombra con sus profecías sobre los adelantos de la ciencia moderna y su repercusión en las vidas de los ciudadanos comunes.

El cajón nostálgico se abre con "I.G.Y. (What A Beautiful World)", donde el locutor predice que el mundo verá la gigantesca rueda espacial americana, donde se iniciará la verdadera colonización espacial americana, más veloz y eficiente que la de la Unión Soviética —nostalgia de la Guerra Fría—, la cual no tendrá chance alguna (a la larga no la tuvo ni con su existencia misma). Nos cuenta en medio de nuestro asombro que tomará 90 minutos viajar de New York a París en un avión supersónico para pasajeros, mientras que la principal energía del mundo será la del Sol, usada por todos los seres humanos. El futuro es una imagen agradable y llena de sorpresas. Fagen invoca al espíritu de los felices años cincuenta, cuando el Rock and Roll estaba prohibido y la Cacería de Brujas de McCarthy estaba en su máximo apogeo.

A pesar de vivir —o fingir— una infancia y/o adolescencia feliz, también salen a relucir temores y frustraciones sobre la propia generación. "Green Flower Street" es la violenta avenida neoyorquina que muy pocos recuerdan, llena de pandilleros como Marlon Brando y James Dean jugando a la muerte. También hay ajustes de cuentas provenientes de gángsters del Barrio Chino. He aquí la desmitificación del sueño americano. Mientras los motociclistas incendian los botes de basura y buscan putas, el tímido protagonista se encierra un día entero en un cuarto de un hotel con una dulce chica —al igual de temerosa que él— quien lo saca de la realidad haciéndole sentir tranquilo. Típico individualismo de la década feliz. Para las decepciones amorosas de la época, qué mejor —habra pensado el autor— que utilizar un tema propio de dicha época; sacarlo del polvoriento baúl de recuerdos de su mente. Fagen desempolva y limpia "Ruby Baby", un bello tema de Leiber y Stoller, famosos compositores de rockabilly y de otros géneros de los cincuenta, que dieron grandes éxitos a Elvis Presley y a otros.

Aquí Fagen muestra su admiración por aquel par de compositores que quizás haya estado imitando con su colega Becker en Steely Dan. "Maxine" es su novia del colegio, atrevida y desenfadada, pero virgen como ella sola. Aquí el narrador es un verdadero rebelde sin causa del amor. Planean una huída a México y de ahí empezar su vida instalándose en Manhattan, lejos de las severas leyes morales que los reprimen en los suburbios. Vaya, con este tema Fagen sí se puso realmente nostálgico; pero cambia de humor repentinamente con "New Frontier", una canción muy animada sobre el futuro, a pesar de referirse a un sótano en la casa donde estarán seguros en caso de guerra nuclear. Lo tiene todo preparado y calculado para su maravilloso porvenir que nunca llegó: Viajar a Europa, estudiar diseño, ser alguien. ¿Se estará quejando de la mala jugada del destino? Fagen suelta un guiño a Dave Brubeck, famoso pianista de jazz, utilizando una rubia fanática de por medio. Brubeck debió haberle devuelto el favor.

"The Nightfly" es la voz del locutor en la madrugada recordando amores pasados y recibiendo llamadas somnolientas, dando paso a "The Goodbye Look", sobre la revolución Cubana y el fin de la era de la inocencia: el Año nuevo 1959. La Mosca Nocturna y su chica (el héroe y su doncella, el poeta y su musa) no llegan a escapar de la Habana y se encuentran con la tropa de fusilamiento. "Levántate, querida, tocan la puerta. El coronel está parado bajo el sol, con su cara estúpida, sus lentes y el arma". Por supuesto que el final inconcluso nos hace saber que era un sueño de verano. El disco se cierra con una canción que merece un 20 de nota en un exámen del colegio del jazz, "Walk Between Raindrops": la despedida con una sonrisa a Miami; una ciudad de la cual se ocupará bastante.

Después de esas ocho canciones, lo único que uno puede hacer es pararse y aplaudir. Hay muy pocos álbumes conceptuales que llegan a formar una idea tan clara de hacia donde apuntan y a la vez tan difusa en ideas diversas. Un conjunto de canciones del pasado, que lo rememoran con nostalgia y a la vez satirizan y critican por lo convencional.

Walk Between the Raindrops


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